Por: Antieditorial

Fedegan: ¿hacer “vaca”?

Por Germán Vargas G.*

El sector agrícola "no importa" en Colombia; prueba de ello es que “sí importa” más del 33 % de alimentos. Confusión entre razón social y vocación real, tales galimatías predominan en el Ministerio de Agricultura y sus instituciones, donde predomina el ineficiente y contaminante segmento ganadero.

Convengamos que ese volumen es demasiado elevado para un país que tira a la basura el equivalente (34,3 %) —durante su producción (13,9 %), distribución (7,1 %), poscosecha y almacenamiento (Pérdida y desperdicio de alimentos en Colombia, DNP)— y se vanagloria de ser el cuarto de América Latina —ni siquiera del planeta— con tierras disponibles para la producción agrícola (Alimentar al mundo en 2050, FAO).

Preocupan también la adulteración (horsegate), cartelización e inflación de alimentos, que impulsan el carro de mercado hacia el tóxico ACPM: Aditivos + Carbohidratos + Paquetes + Mecatos, causando malnutrición y enfermedades (Estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo, FAO).

No somos autosuficientes ni exportadores relevantes. Nos resbalamos con las cáscaras de los TLC, sustituimos los alimentos naturales, cosechados por nuestros campesinos, y desaprovechamos áreas cultivables invadidas por la ganadería, cuya contribución a las emisiones (25 %) hace parecer a la carne un derivado del petróleo.

Entretanto, nuestra Tierra es cada vez menos “ubérrima” (The State of World’s Biodiversity for Food and Agriculture. FAO, 2019). El calentamiento global, la escasez de agua y la pérdida de cobertura vegetal exponen nuestras exportaciones tradicionales a la extinción: súper alimentos como el plátano (PLOS Pathogens, 11/2015), el café (National Academy of Sciences, 114;39/2017) y los denominados cultivos de la paz: aguacate —producir un kilo requiere 2.000 litros de agua, según Water Footprint Network— o cacao (Innovative Genomics Institute, 2018).

Conviene entonces repensar nuestro patrón de especialización, pues no todos los problemas podrán resolverse con edición genética y tampoco podemos seguir ignorando el cambio estructural en las variables y restricciones de producción del planeta. De otra manera seguiremos condenados, otros 200 años, a hacer “vaca” para financiar novelones como los del café, por efecto climático, revaluación o cotización.

Ingrato ejemplo, más del 44 % del café que ingerimos son pasillas importadas (Portafolio, 24/7/2018); siempre fuimos ignorados o tratados de manera injusta como mercado, y no existe cultura cafetera, pues además del “tinto” acaso reconocemos “cafeterías”, sin entender orígenes, variedades y atributos. Igual sucede con nuestros cacaos, de los que desconocemos sus valoradas propiedades (y tóxico contenido de cadmio).

El Foro Económico Mundial (Meat: The Future Series Alternative Proteins, 2019) también contrastó la carne, con productos agrícolas y opciones como la entomofagia, por su relación costo versus nutrición, productividad y sostenibilidad. Otra oportunidad para innovar la política rural y revolucionar la periferia del país, sectores tradicionalmente huérfanos o esclavos, en pleno bicentenario de la patria, aunque el Gobierno prefirió satisfacer al Centro (Democrático), Fedegan y Fedecafé.

* Catedrático ([email protected])

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2019-05-13T00:00:38-05:00

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