Por: Juan Carlos Gómez

¿Feliz cumpleaños televisión?

El 14 de junio de 1955 se inauguró oficialmente la televisión en Colombia. La circunstancia de que naciera bajo la dictadura del general Rojas marcó de manera decisiva estos primeros 60 años, pues solo hace poco se logró que la televisión dejara de ser un botín del gobierno de turno.

Hay mucho que celebrar: el establecimiento y la consolidación de un sistema público de televisión —excepcional en un país en desarrollo—; la calidad de la televisión colombiana y la diversidad de operadores públicos y privados, nacionales, locales y regionales, incluida la televisión verdaderamente comunitaria.

Paradójicamente estos primeros 60 años se celebran en medio de una profunda encrucijada. Internet, las comunicaciones móviles y la multiplicidad de pantallas (televisor, computador, teléfono, tableta) ya cambiaron la historia de este medio y es un hecho que la televisión que conocimos ya dejó de existir. Frente a la dispersión de las audiencias, las fuentes de financiación serán otras y la publicidad misma se adecuará a esa realidad.

Sin embargo, eso no significa aceptar de manera impasible y resignada que la información y las producciones audiovisuales de origen colombiano se conviertan en un episodio más en Youtube o Twitter o un contenido que empaqueten como les venga en gana los dueños de la redes de cable. Los políticos, los jueces, los funcionarios, las universidades, los padres de familia, la sociedad civil y la opinión pública tienen que ser conscientes de la gravedad que tiene para la democracia, para la libertad de información, para la cultura y para la diversidad, que nos convirtamos en simples suscriptores de redes globales.

La cacareada convergencia no puede significar que desaparezca el derecho de las personas de recibir —directamente a través del aire— televisión libre y gratuita, tal como lo declararon recientemente en Cali los más importantes radiodifusores de América, mucho menos frente a la inversión pública y privada en las nuevas redes de televisión digital terrestre (TDT).

Ya habrá tiempo para que, de manera responsable, en la próxima legislatura se diseñe un marco normativo que garantice que la televisión del futuro se gobierne con seriedad y sin populismo. El bien común, los televidentes y la industria ya no soportan más chapucería.

 

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