Por: Hugo Sabogal
Beber

Felizmente entintados

La preocupación de los cafeteros colombianos respecto al futuro de su actividad volvió a evidenciarse esta semana durante el congreso nacional del gremio, celebrado en Manizales.

Su mayor inquietud es el desequilibrio entre las jugosas rentabilidades de los comercializadores internacionales y los menguados ingresos de los productores locales. Entendible. También les provoca ansiedad la escasez de mano de obra para recoger las cosechas y los trastornos causados por el cambio climático.

Una solución largamente prescrita es la promoción del consumo interno, actualmente tasado en 2 kilos por habitante al año, algo realmente irrisorio para el mejor productor de cafés suaves del mundo.

Por fortuna, nuevas evidencias muestran cielos despejados en el horizonte, con una inusitada oferta de opciones para todos los bolsillos.

Tostao’, cuyo crecimiento genera una plataforma de compradores en todos los segmentos económicos y sociales, trabaja con una fórmula elemental: café y panadería de bajo costo, en un ambiente sencillo y con un servicio rápido y eficaz. Antes de su aparición no existían muchas opciones intermedias entre las tiendas especializadas en cafés de origen y el tinto callejero.

El impacto ha sido inmediato. Hoy cuenta con 200 tiendas en Colombia, un equipo de 1.300 colaboradores y un crecimiento mensual del 15 %. Su papel en la pirámide es clave para la creación de una renovada cultura cafetera y una base de mayor consumo.

En otro frente, Nescafé Dolce Gosto se abre paso en los hogares con una máquina para preparar bebidas de café, té y chocolate al instante. Como quiere ir más allá del café negro, sus preparaciones incluyen Cappuccino, Chai Tea Latte y Nesquik. Su actual producción de cápsulas sobrepasa las 100.000 unidades y su expectativa para 2020 es crecer por encima de 300.000. Es ideal para aquellos con poco tiempo para las infusiones lentas.

Nespresso, la marca de lujo de las cápsulas individuales, también registra importantes crecimientos, gracias a una oferta dinámica compuesta por frecuentes lanzamientos de sabores, orígenes y mezclas novedosas.

Sin embargo, lo que más impresiona de Nespresso es que, para producir sus cápsulas globales, utiliza granos de 33.000 caficultores colombianos, apoyados por un equipo local de 150 agrónomos. Además, la semana pasada renovó su compromiso de aumentar las fuentes de compra en Colombia con un programa avaluado en US$50 millones para potenciar regiones como Caquetá, antes marginadas por el conflicto armado.

En este mismo segmento, Café Quindío, de Armenia, crea un territorio propio con cápsulas biodegradables, y Juan Valdez sigue abriendo caminos con sus reconocidos pods.

No menor es el continuo crecimiento de tiendas y cafés de especialidad, donde la experiencia es cada día más atractiva y variada. Al frente de las preparaciones batalla un nuevo ejército de jóvenes colombianos, quienes, por razones económicas, estaban muy lejos de encontrar una labor profesional digna y prometedora. Todos ellos dicen hacer encontrado en la bebida nacional una nueva razón de vida.

Visto el mercado de esta manera, hay motivos de sobra para pensar que el consumo interno vive un nuevo amanecer. Sólo resta hacer votos para que los beneficios también lleguen al campo.

 

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