Por: Juan Pablo Ruiz Soto

Feria del subdesarrollo

ASISTÍ, EL PASADO 27 DE ABRIL, A LA plenaria del Senado de la República donde se llevó a cabo la discusión y aprobación del Plan Nacional de Desarrollo (PND).

 

El encuentro podría recibir el nombre de “feria del subdesarrollo”: mientras algunos senadores hacían interesantes observaciones a ciertos artículos del PND, casi todos los demás conversaban animadamente, e incluso intercambiaban opiniones con representantes del Gobierno Nacional. A veces era tanto el ruido, que llegué a preguntarme si había problemas de sonido. La voz de quien intervenía era apagada por las múltiples conversaciones de los asistentes.

Durante cinco o seis horas de desorden hubo intervenciones sobre los temas más variados. En relación con los asuntos ambientales, podemos listar los siguientes puntos: la conservación innegociable de las reservas forestales ante los procesos de legalización de la actividad minera, la revisión del trámite sobre la Ley de Ordenamiento Territorial, la necesidad de hacer compatibles algunos artículos del PND con los principios de dicha ley, la privatización del agua mediante los planes departamentales de agua, la necesidad de relacionar la investigación con el medio ambiente o el problema de concentración de tierras por el modo en que se están asignando los baldíos nacionales.

De un momento a otro, como por arte de magia, se cerró el debate y se inició la votación. Tras un encuentro más desordenado e irrespetuoso que el que suele darse entre compradores y vendedores en una plaza de mercado (donde se intercambian de manera simultánea hortalizas, carnes y granos), terminó la “feria” y los senadores votaron. Con mayoría de votos casi siempre cercana al 90%, muchas propuestas se aprobaron sin discusión.

Lo que quedó en el PND, y las consecuencias de éste en el tema ambiental, lo trataré en futuras columnas. Lo que hoy quiero resaltar es la impertinencia del procedimiento y el contenido del PND. Con sus más de 250 artículos, el PND incluye lo humano y lo divino. Va desde principios generales de planificación hasta detalles de ejecución de proyectos específicos. Las propuestas macro, asociadas al desarrollo nacional se negocian por artículos con proyectos de aplicación regional, y lo que debería ser un plan legítimo y responsable de desarrollo nacional termina siendo la concertación de la “feria del subdesarrollo”. Me pregunto si no será necesario que se revise la ley del plan y que se proponga que en el PND se discutan sólo los principios generales del modelo de desarrollo que propone el gobierno entrante, y el modo en que éste afecta los diversos sectores económicos y grupos sociales. En una segunda etapa y en otro momento de deliberación, se deben poner sobre la mesa planes y programas específicos. Esta es una invitación a superar la dinámica de la “feria del subdesarrollo” con la cual se está aprobando el PND. Las necesidades de nuestro país exigen un trabajo más ordenado y efectivo de parte de todos, tanto del sector ejecutivo como el legislativo. Su resultado debe ser una revisión o ajuste del modelo de desarrollo tradicional, y no una colcha de retazos que perpetúe el subdesarrollo, impidiendo una eficiente asignación de los recursos públicos. En el Congreso se trabaja más de lo que imaginaba, sólo que muchos esfuerzos reproducen la politiquería. Hay que fortalecer y organizar nuestra capacidad legislativa, pues tenemos un gran país por construir.

 

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