Por: Alfredo Molano Bravo

‘For a few dollars more’

LA ESCENA GANÓ TIQUETE PARA LA historia del ridículo:

Obama sentado en un sillón, las manos descansando sobre los brazos del mueble, sonriente, seguro y sereno. Uribe enlazando sus rodillas con las manos, sudando, cambiando de colores: del blanco-terronera al rojo-vergüenza, parpadeaba pidiendo indulgencia. Trató de tartamudear algo así como, yo no soy, yo no fui, yo no sé. George Washington, dijo Obama, renunció a su tercera elección por miedo a volverse dictador, y regresó a su vida corriente. Que era, agrego yo, el negocio del tabaco en Virginia y la administración de su montonera de esclavos. En otras palabras, Mr. President, dedíquese al Ubérrimo y a la administración de los bienes ganados con el sudor de sus hijos, primos y parientes en general. Uribe, por segunda vez, trató de revirar: pero —dijo balbuceante en el más puro inglés envigadeño— si la agenda la puse yo. Obama sonrió de lado con un dejo de misericordia. Le extendió la mano y chaolín Mr. President, a sus paisanos con ese cuento. Uribe se paró debajo de Obama, escondió la cola entre sus piernas temblorosas y salió bufando con disimulo. Otra cosa diría el editorial de Planeta: Uribe da la cara a Obama y revive TLC.

En la puerta de la Casa Blanca lo esperaba, demudado, un estafeta de Cancillería —uno de esos familiares de familiares de la aristocracia santafereña—: señor Presidente, un juececillo de por allá de Lago Agrio, Sucumbíos, Ecuador —para más precisión—, ha llamado al doctor don Juan Manuel a declarar en el caso de la Operación Fénix. ¡Por Dios!, exclamó Uribe, matar a 25 personas fuera del país fue un acto humanitario. ¡No hay derecho! Defenderé al Infante don Juan Manuel, con mi vida si fuere necesario. Que Correa venga por él, si es tan berraco, y se las vea conmigo. Y salió a dar conferencias, sobre todo, con ese estilo que oscila entre padre rector y sargento primero.

A la sombra de Obama, los precandidatos a la sucesión en nuestro corral se alborotaron. Todos a chuparle las medias al verdadero Míster President y a pedirle a Uribe, en tono perentorio, que se defina, que es o no es, que si sí o que si no, que ellos, los precandidatos, no están dispuestos a perder más tiempo, que quieren ser candidatos para la administración del legado: la Seguridad Democrática, que ha costado la vida a 3.500 soldados, el mismo número que la guerra de Irak, con la diferencia de que allá la vida vale aproximadamente 2.238 veces más —el valor del dólar cambia a diario—. Lo que los precandidatos no dicen, si es que Uribe como buen patriota da un paso al lado, es con qué van a pagar la continuación de una guerra que tan sólo ha asegurado en derecho —excepto los 2000 crímenes de Estado que han denunciado los ex presidentes Gaviria y Pastrana— lo que los paramilitares hicieron de hecho. El Contralor dijo que no hay plata, que los ricos no tienen con qué pagar la guerra y que los pobres menos. Hommes sostuvo que los negocios son los negocios, y ese otro negocio —el de las armas— no permite ya hacer buenos negocios. Y para rematar: los demócratas gringos no le aflojarán al futuro gobierno un solo quarter adicional para los resultados positivos. Ni siquiera a cambio de las cinco bases militares que Uribe les está ofreciendo por un puñado de dólares, como en la encantadora película de Sergio Leone.

 

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