¿Qué se sabe de la recaptura de Aida Merlano?

hace 3 horas
Por: Beatriz Vanegas Athías

¡Fiesta y cacerola es lo que hay!

Aunque a la evidente y perversa sordera de Iván Duque los únicos sonidos que le interesan son el silencio y el llanto que provoque el plomo. Porque esos son los sonidos de la guerra que ha promovido el partido que lo respalda en su mal gobierno. Porque esa es música celestial para los oídos del jefe del presidente, el senador Álvaro Uribe. Pero fiesta y cacerolas rítmicas es lo que hay. Aunque (hoy domingo que escribo este texto) el joven Dilan Cruz permanezca en estado crítico, víctima de un agente del Esmad: Dilan protestaba porque le negaron un crédito para estudiar, a cambio recibió un proyectil en la cabeza.

Iván Duque aparece en sus intervenciones posmarchas como si habitara un país parecido a los primeros años del gobierno de la Seguridad Democrática. Desoye el enardecido pero pacífico clamor social y promete proteger la vida de los ciudadanos de bien que son, según él, víctimas de los vándalos. Y hay suficientes evidencias de que no lo son, de que el enemigo del orden es el mismo orden. Yo que he estado marchando he visto la alegría, la manera como se negocia con la policía y con el Esmad para que los dejen protestar. Los he visto preparar coreografías y adaptar canciones populares como La Guaneña o Iván y sus Bang Bang de Edson Velandia, exigiendo que el presidente Iván Duque renuncie o empiece a gobernar bien de una vez en 15 meses.

Pero él no reorienta su política y la vacuidad de su discurso lo configura como un ser débil que ve en la rectificación democrática un síntoma de vencimiento, cuando se sabe que lo engrandecería y lo alejaría de una vez de la cultura guerrerista de su partido y jefe, y abriría un espacio en la historia para él como un gobernante que supo atender y no deslegitimar (como lo hace) la protesta social.

El malestar social viene desde las pasadas presidenciales y desde el plebiscito (por mencionar hechos recientes). La ceguera y prepotencia del Centro Democrático, la certeza de que sus estrategias de miedo serían infalibles, tienen a Iván Duque encarcelado. El 21N y el 22N y el 23N y el 24N, y no quiero imaginar que Dilan Cruz muera, han erosionado letalmente la escasa gobernabilidad de Iván Duque y a mayor desidia (como reunirse primero con los empresarios) mayor el fragor de los reclamos, de las marchas, de los cacerolazos, de las velatones, de las rumbas contestatarias.

Porque este despertar, este arriesgarse a ejercer la ciudadanía tiene también de particular el consenso (sin dispersar las motivaciones como en otras ocasiones) por exigir el mejoramiento de cuatro hechos que el gobierno de Iván Duque ha vuelto trizas: la no implementación del Acuerdo de Paz, la pauperización de las pensiones, el deterioro del salario y una nefasta política ambiental y educativa.

Coletilla. Artículo 37 de la Constitución Política: Toda parte del pueblo puede reunirse y manifestarse pública y pacíficamente. Y desde acá, Dilan Cruz, pido que no te mueras para que puedas ver lo que logrará el ejercicio de las nuevas ciudadanías

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