Por: Tatiana Acevedo Guerrero

Fila para ser ciudadano

FUE EN 1929 CUANDO SE DICTAMINÓ la expedición de la cédula a “todo ciudadano colombiano”.

Es decir, todo varón, mayor de 21 años, que ejerciera profesión, arte, oficio o tuviese algún medio legítimo de subsistencia. Pese a este mandato nadie tuvo cédula hasta 1934, cuando comenzó a tramitarse el documento, de 10 por 7 centímetros.

Problemas hubo. El papel importado escaseaba, el fotógrafo bogotano no llegaba, la tinta del huellero se secaba. Funcionarios liberales no cedulaban a conservadores. Y viceversa. En la prensa escrita de aquel año se describen algunos de los feroces altercados que estallaron a las afueras de las sedes de cedulación. Mientras los hombres luchaban por acceder al anhelado documento, sus esposas, novias e hijas miraban con asombro desde cierta distancia.

Imagino su impotencia. El pasado martes presencié una escena similar.

En la noche del sábado robaron mi billetera. Indocumentada, corrí a solicitar un duplicado. Tras dos horas de fila recibí un “comprobante de documento en trámite”. Amarga fue mi sorpresa cuando se me advirtió sobre el carácter absolutamente inocuo del diminuto papelito: “Falta el sello que ponen en la 26”. Una vez allí, presencié la debacle. Ante la total ausencia de información y personal oficial, cientos de personas se abalanzaban sobre la estrecha puerta.

Como consecuencia de los empujones, muchas mujeres nos fuimos separando del tumulto. Mis compañeras de infortunio —en su gran mayoría humildes señoras, por encima de los 70— fueron acomodándose en el andén mientras una furiosa funcionaria gritaba desde adentro “Eso les pasa por dejar todo para última hora”. Los hombres, como será obvio, se hicieron ciudadanos antes que las mujeres. Los más fuertes antes que los abuelos. Los de corbata por encima de los de overol… y así, hasta volver a los años treinta.

Quizá sea hora de recordarles al Ministro, el Registrador y el funcionario de turno que la cédula no es un privilegio. Aunque el colombiano incumpla los plazos por falta de interés, información o simple conchudez, sigue siendo un ciudadano. Como también lo son los ex convictos que nerviosamente hacían la fila.

Hoy, a diferencia de 1934, el rápido acceso a la cedulación ni siquiera debería ser objeto de una columna de opinión.

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