Por: Daniel Pacheco

Filantropía capitalista

PETER DIAMANDIS CREE EN LOS HÉroes; cree que unas pocas personas especiales puede cambiar radicalmente el destino de la humanidad.

Diamandis es el fundador de X Prize Foundation, un “instituto educativo de premios creado para generar avances radicales para el beneficio de la humanidad”. X Prize empezó en 1996, como un premio de 10 millones de dólares para el primer grupo privado que construyera una nave espacial capaz de llevar a tres personas al espacio. Ocho años después SpaceShipOne fue el primero de 26 equipos en lograr la hazaña. Hoy hay tres premios X Prize más: para quien lleve un robot explorador a la Luna, a quien desarrolle una técnica de decodificación del genoma humano rápida y barata, y a quien diseñe el carro más eficiente.

A través de X Prize, Diamandis le ha dado vida a un estilo de filantropía basado en un capitalismo sin complejo de culpa. “Nos interesan las áreas donde el mercado no ha funcionado”, explica Diamandis. Su perspectiva le da la vuelta al argumento según el cual el mercado libre es la fuente de todos los problemas. Al contrario, para Diamandis y los miembros de X Prize, es la falta de incentivos lo que ha detenido el desarrollo de ideas y productos que podrían beneficiar radicalmente toda la humanidad. Por eso X Prize ha reunido a varios de los empresarios más exitosos del mundo, incluyendo al fundador de Google, y a billonarios de India e Irán, para crear bolsas de incentivos para retos puntuales.

Esta mirada filantrópica parte de una visión según la cual “los humanos estamos genéticamente programados para competir”. Entonces, dice Diamandis de su trabajo filantrópico, “nuestro propósito es hacer héroes de quienes tomen riesgos y compitan”.

Este heroísmo está diseñado para poder ser empaquetado y puesto a la venta, por supuesto. Cada premio hace alianzas con socios estratégicos comerciales, se procura un cubrimiento abundante de medios y termina generando hasta 1.000% más del gasto del premio en inversión. Por ejemplo, durante la competencia para construir el SpaceShipOne, que entregaba un premio de $10 millones de dólares, entre todos los equipos gastaron más de $100 millones. Además, el mensaje que comunica es poderoso: primero, educa sobre el tema del que se trate el premio y segundo, se reinventa al héroe moderno; hombres y mujeres creativos, inteligentes y dedicados, que con una idea pueden cambiar el mundo.

Esta aproximación a la filantropía privada tiene, claro, sus riesgos. Parece olvidar que el mundo está lleno de desigualdades a la hora de competir, y peor aún, que tal vez no se necesitan grandes ideas, sino grandes redistribuciones, para cambiar radicalmente el mundo.

Al argumento de la desigualdad no le falta razón. Sin embargo, los problemas de los que parte son esencialmente responsabilidad de los gobiernos. El riesgo más grande es que también el interés privado se destine a solucionarlos y mate todos los incentivos de convertirse en héroe.

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