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hace 3 horas
Por: Manuel Drezner

Flamenco y fado

Es interesante la serie de Música del Mundo en el Teatro Santo Domingo, con conciertos que van desde el vallenato y el rock hasta el jazz y el gospel, pasando por el flamenco y el fado. Esta programación ecléctica de la sala muestra un acertado criterio de presentar espectáculos para todos los gustos y como el criterio ha sido de alta calidad, Bogotá ha ganado con estos recitales.

Uno de los más interesantes fue el del guitarrista flamenco Tomatito, hijo y nieto de otros célebres exponentes de ese arte, que se apodaban Tomate y de ahí el diminutivo. Tomatito, o mejor, José Fernández Torres, es una figura central de los movimientos progresistas del flamenco, ya que aunque sus versiones representan un avance sobre el flamenco clásico, todavía la tradición se respeta y aquí se puede hablar de buena evolución más que de revolución. En su presentación, con la colaboración de una segunda guitarra, dos cantaores, un bailaor (así los llaman tradicionalmente y el tragarse la “d” es completamente aceptado) y un percusionista (que afortunadamente no trató de hacer piruetas de rock, como hemos visto en otras ocasiones, sino que fue muy discreto y a la altura), Tomatito hizo una excursión por diversas modalidades del flamenco y mostró que la reputación de que viene precedido es completamente justificada, ya que es un artista que emociona y que demuestra en todo momento ser auténtico virtuoso. Hubiera sido bueno que el programa de mano diera un poco más de detalles sobre lo que se está tocando para ilustración de aquellos que no son “flamenquistas”. Creo igualmente que la amplificación fue exagerada y que no se dio balance entre los diferentes participantes. Pero eso también es consecuencia de traer a un teatro para más de mil personas un espectáculo que en últimas es íntimo y requiere de mucha participación del público. Aquí la audiencia, aunque evidentemente entusiasta, escuchó el concierto casi como si fuera un recital clásico, con silencio respetuoso. Pero eso lo compensó con un aplauso fervoroso y bien merecido por quien sin duda en su género es un gran artista.


Otra excelente artista se había presentado antes, la portuguesa Tereza Salgueiro, con un programa de fados y otras canciones de su tierra. En ella predomina el buen gusto, todo está en tono menor, pero es algo muy satisfactorio y hermoso. Ojalá que estos espectáculos se sigan programando, porque definitivamente lo que se ha visto hasta ahora es de una calidad impresionante.


Y que quede constancia admirativa: ninguno de los dos espectáculos citados comenzó con más de diez minutos de retraso.

 

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