Por: Doña Gula

‘Fogón de negros’

Tal es el título del libro Premio Andrés Bello de Memoria y Pensamiento Iberoamericano en la modalidad de ensayo (2006) y cuya autoría pertenece a Germán Patiño Ossa, apasionado investigador de las negritudes en el Pacífico colombiano.

Fogón de negros es un trabajo riguroso y ameno que traslada al lector a aquellas cocinas habitadas permanentemente por una numerosa servidumbre, característica de las grandes haciendas del Valle del Cauca desde finales del siglo XVIII y durante todo el siglo XIX. Quede claro: no es una novela; es un ensayo histórico apoyado, sí, y de manera magistral y amena, en la clásica María de Isaacs, permitiéndonos descubrir el papel que cumplía la cocina en la conformación de una red de alianzas en la que preparaciones que sólo producía la mano de la cocinera negra influían de manera simbólica en el acontecer cotidiano de las relaciones sociales de extensos y diversos grupos familiares. Germán Patiño Ossa es, sin lugar a dudas, uno de los más importantes investigadores de la cultura en el Valle y su palmarés de reconocidos trabajos es razón suficiente para que los interesados en esta temática de la historia culinaria colombiana (la nueva generación de chefs colombianos) estudien con detenimiento este galardonado ensayo. Además, necesario es mencionar que Germán Patiño fue el director académico de la Biblioteca Básica de Cocinas Tradicionales de Colombia, la más importante recopilación de textos culinarios de Colombia, editada en 2012 por el Ministerio de Cultura.

Aún guardo en mi memoria con total fidelidad la impecable e interesante intervención que Germán Patiño presentó en el Segundo Congreso de Gastronomía de Popayán (2006), en la cual, además de engolosinar al auditorio con las más sugestivas recetas de la cocina vallecaucana y de la costa Pacífica colombiana, en lo personal me asombró con la claridad de su lenguaje, su fino humor y su evidente erudición en el tema. Aclaro: no pertenezco a su círculo de amigos de vieja data, sin embargo, en los últimos diez años, en más de una ocasión y en diferentes eventos y ciudades del país compartimos manteles, ceniceros y copas, y por consiguiente tuve el privilegio de conversar “a fondo” con él, constatando en cada encuentro su característica sencillez y su cantera de conocimientos. En alguna ocasión me relató algunas memorias de su infancia... sus años de lujuria infantil se los gozó en el Brasil, en casa de sus tíos, entre las tetas y el cariño de las cocineras negras; todo ello explica su conspicua personalidad nutrida hasta la médula en saberes como la cocina, la literatura, las marimbas y los tambores, el periodismo político y los gallos de pelea. El 19 de enero Germán finalizó su recorrido existencial. Ojalá que su legado sea valorado en la dimensión que se merece.

 

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