En vivo: La justicia transicional a dos años del Acuerdo con las Farc

hace 52 mins
Por: Daniel Mera Villamizar

Formación para el trabajo y ‘rebusque’

Hablando de prosperidad democrática, ¿cuál sería una promesa creíble para los 4’812.000 trabajadores informales que sólo tienen educación primaria?

Ellos son el 40% de la población ocupada informal y los más vulnerables por cualificación laboral, aparte de los analfabetas. La investigación social sobre este grupo es escasa y, por consiguiente, el Sistema Nacional de Formación para el Trabajo (SNFT) todavía no enfoca bien sus particularidades.

Es probable, por ejemplo, que la recursividad de estos trabajadores informales desborde las previsiones de la Clasificación Nacional de Ocupaciones que lleva el Sena. El 63% se halla como “trabajador por cuenta propia” y no todos en ocupaciones elementales en ventas y servicios, ayudantes de cocina y empleadas de aseo y servicio doméstico, u obreros y ayudantes de producción primaria y extractiva, construcción, mantenimiento de obras públicas, procesamiento y fabricación. Hay que estudiar el “rebusque” para atender mejor sus necesidades de capacitación.

La Formación para el Trabajo (SNFT) está orientada a la formalización, como debe ser, pero para una parte importante de estos ocupados informales la promesa de un empleo formal puede ser no viable. Parece más realista ayudarles a elevar su productividad, sus ingresos, con competencias en lo que hacen. El 38,4% gana menos de la mitad de un salario mínimo y el 30,5% consigue entre 0,5 y 1 salario mínimo mensual. Casi el 10% no tiene ingresos. Si los sectores productivos no podrán absorber a esta masa de trabajadores de limitada educación, el SNFT no debería definirse sólo en relación con las necesidades de aquellos sectores. Hay que entenderse con la otra realidad. Ni el maravilloso plan anticíclico de 55 billones de pesos en infraestructura generaría suficiente empleo formal para la población pobre y vulnerable.

La realidad casi completa, vale decir la Gran Encuesta Integrada de Hogares (GEIH) muestra que a 2010 el 61% de los trabajadores informales, con sólo básica primaria (incompleta y completa), son mayores de 40 años, contando 749.979 mayores de 60 años. Sin pensión. La suerte de ellos dependerá de ir más allá de la imaginación y de los esfuerzos actuales. Del total, hay 2’838.939 jefes de hogar, que tienen a cargo un poco más de 10 millones de personas. Sumándose, ellos son el 30% de la población colombiana.

De modo que sería enorme el impacto de un plan de educación para el trabajo y el desarrollo humano que sepa distinguir entre los requerimientos del desarrollo estructural de la economía —con enfoque exportador de valor agregado—, los del empresariado de alcance nacional y regional y los de quienes irán en los vagones traseros de ese desarrollo, en ocupaciones que deberían desaparecer para la familia en la siguiente generación. Se necesitaría volverlo una prioridad educativa, metida en el discurso nacional, con recursos, coordinación y liderazgo. Articular una promesa creíble para ellos ayudaría a creer más en la prosperidad para todos.

 

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