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hace 2 horas
Por: Mauricio Rubio

Forzar o persuadir

Vera Grabe del M-19 fue víctima de violencia sexual en el conflicto colombiano.

En sus memorias cuenta cómo, con cuatro meses de embarazo y deseando con todas las fuerzas llevarlo a término, fue obligada a abortar por Jaime Bateman Cayón. De nada sirvió liberarlo de cualquier responsabilidad en la crianza, ni viajar a México. Por teléfono, a larga distancia, el tenaz comandante la convenció. “Radicalmente contra mi voluntad, acabé por aceptar su decisión. No era la mía … usted no cedió, y yo cedí”.

En su libro sobre Pablo Escobar, Alonso Salazar relata otro incidente de embarazo no deseado por el padre. Una de sus novias ocasionales quedó embarazada. Pensaba viajar al exterior a tener el hijo pero Escobar la llevó a su hacienda para hacerla desistir. Ella se empecinó y él ordenó interrumpir el embarazo a las malas. “Pinina, la Yuca, Arcángel y un médico … la tomaron a la fuerza, la inyectaron y dopada la llevaron al puesto sanitario de la hacienda”.

En cualquier encuesta con la pregunta “¿alguna vez ha sido obligada a abortar?” saldrían registrados ambos casos como positivos. Los embarazos eran incómodos para ellos por lo extra maritales, pero las circunstancias de uno y otro son bien distintas: está de por medio la diferencia entre persuadir y forzar, clave en materia sexual.  

De acuerdo con mujeres reinsertadas, el aborto obligado es una de las manifestaciones  generalizadas y sistemáticas de la violencia sexual en el conflicto. Algunos estimativos alcanzan la impresionante cifra de mil al año. Hay evidencia de que, al menos en la guerrilla, existe una política de interrupción de los embarazos que viene desde la cúpula: “es mejor no engendrar, porque toca eliminar”. 

Sería conveniente establecer si las interrupciones no voluntarias han sido “a la Bateman” o “a la Escobar”. Existen testimonios desde el suministro de misoprostol hasta legrados a la fuerza, pero parece haber más amenazas y castigos que persuasión. 

Según el Código Penal Colombiano, el Patrón y sus hombres, que causaron el aborto “sin el consentimiento de la mujer”, deberían pagar hasta cinco años de prisión. La insistencia del comandante Bateman, por el contrario, no le traería problemas adicionales con la justicia. Vera Grabe sí los tendría pues el mismo código todavía contempla penas de prisión para las mujeres persuadidas por su compañero de abortar, algo que ocurre no sólo en los grupos armados. Esos casos tampoco están cobijados por la famosa sentencia de la Corte Constitucional. 

Referencias

 

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