Por: Ernesto Yamhure

Fotos conservadoras

MUERTA LA POSIBILIDAD PARA QUE el pueblo decidiera sobre la conveniencia o no de una nueva reelección del presidente Uribe, los dirigentes que siguen al Mandatario y que aspiran a continuar por el buen camino que ha acogido nuestro país, están en la obligación de tomar decisiones con cabeza fría y grandeza patriótica.

Por eso, debe existir una estrategia clara y eficaz. En primera medida, es imperante que el Partido Conservador continúe haciendo parte de la coalición. El conservatismo es el pivote de la política de Seguridad Democrática. Sin el poyo de esta colectividad, será muy difícil que el uribismo continúe en el poder, más allá del 7 de agosto.

De ahí la importancia que Andrés Felipe Arias logre ganar la consulta prevista para el próximo 14 de marzo. Su triunfo garantizará no sólo la permanencia del Partido Conservador en la coalición, sino que se constituirá en un claro y contundente mensaje de los godos al preferir la Seguridad Democrática frente a la opción del Caguán.

La ecuación es simplísima. El presidente Uribe ha dicho que los colombianos debemos votar por aquellos candidatos que han respaldado con furor las tesis de su gobierno. Al preguntársele por un nombre, el Mandatario se va por las ramas. La ley le prohíbe hacer ese tipo de manifestaciones. No obstante, hace unos pocos días, cuando le mencionaron el nombre de Andrés Felipe Arias, dijo sin titubeos que él “es mi versión mejorada”. Conclusión: Arias es el candidato en el que confía Álvaro Uribe.

No es un capricho. Durante los últimos cinco años, Uribito ha sido un protagonista ejemplar de la política nacional. Siendo Ministro de Agricultura, una de las carteras que históricamente ha tenido menos protagonismo, libró batallas ideológicas como hacía mucho tiempo no se veían. Defendió con argumentos económicos la importancia de los TLC y jugó en el difícil terreno del Congreso donde controvirtió con altura y argumentos las posiciones de los más enconados contradictores del Gobierno de la mano firme contra el terrorismo guerrillero.

Gracias a su verticalidad ideológica, rápidamente se abrió camino en el mezquino y no pocas veces desagradecido mundo de la política. Pasó de ser un ilustre desconocido a ocupar un lugar privilegiado dentro del conservatismo y, por supuesto, del uribismo.

En estas elecciones enfrenta a Noemí Sanín. Ella ha estado acompañando al Gobierno desde la lejana y triste diplomacia. Consciente de que esta es la última oportunidad que le queda para ganar las elecciones presidenciales, decidió apostarle al pragmatismo, razón por la que después de un par de décadas, resolvió volver al Partido Conservador, colectividad que rechazó, criticó y menospreció hasta hace muy poco tiempo.

En vez de afiliarse al sector uribista del conservatismo, Noemí se alineó con la facción que representa Andrés Pastrana. Para que quedara claro el mensaje, incluyó en su nómina de colaboradores de campaña al más selecto grupo de seguidores del ex presidente. La tres veces embajadora —el último cargo público que ocupó en territorio colombiano fue por allá en el gobierno de Gaviria— también marcó distancia de Juan Manuel Santos, muy posible heredero único de las banderas uribistas. En efecto, designó al almirante Arango Bacci, enconado enemigo de Santos, como jefe de debate para asuntos de defensa.

Ambas fotografías son clarísimas. En la primera vemos a Arias, defensor a ultranza de las tesis uribistas, rodeado de conservadores uribistas y aliado con parlamentarios fieles al Presidente. En la otra está Noemí Sanín, quien dice ser uribista, pero se acompaña de un equipo cuyo corazón le pertenece única y exclusivamente a Andrés Pastrana.

Que los conservadores decidan.

 

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