Por: Daniel García-Peña

Fotos falsas y botas de cuero

Fue una Asamblea General de la ONU bastante sui generis. Inició con el presidente brasilero Jair Bolsonaro regañando al mundo por llamar a la Amazonia el pulmón del mundo. El presidente salvadoreño Nayib Bukele estrenó tomándose una selfie para luego calificar como obsoleto el formato de la ONU. El presidente estadounidense, acostumbrado a ser el centro del show, se vio deslucido quizá porque sabía que en el mismo momento que pronunciaba su discurso le estaban abriendo una investigación de impeachment. Al presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, el único verdadero comediante del grupo, le tocó poner cara de yo no fui. Sin embargo, la gran estrella no fue ningún presidente sino Greta Thunberg, una niña de 16 años que se robó todos los titulares con un discurso sencillo, directo, sentido y contundente.

Pero si alguien hizo el oso absoluto fue el presidente colombiano, Iván Duque. Su discurso inicialmente pasó desapercibido por la prensa internacional. Y quienes sí lo escucharon quedaron confundidos, ya que parecía más ser el presidente de Venezuela en el exilio que el de Colombia.

Sus otras apariciones tampoco lo favorecieron. En el Foro Concordia nadie registró lo que dijo y la noticia principal fueron las botas de cuero que lucía el reconocido billonario Howard Buffet, fabricadas por excombatientes de las Farc y obsequiadas por el propio Duque. El gesto, chévere de por sí, puso de presente la tozuda realidad de que a la comunidad internacional el tema que le interesa cuando se le habla de Colombia es el Acuerdo de Paz y no la economía naranja.

El incidente también ilustra una situación paradójica. Hacia afuera el Gobierno dice estar comprometido con la paz y la utiliza como material promocional (no deja de ser curioso que mientras Uribe regalaba carrieles, Duque esté repartiendo botas de cuero made by Farc). Pero hacia adentro, lentamente vuelve trizas el Acuerdo de Paz, desconociendo su carácter integral, reduciéndolo a un proceso de reincorporación, excluyéndolo de su Plan de Desarrollo y atacando la JEP cada vez que puede. Mientras tanto, durante los días de su periplo, fueron asesinados los excombatientes Fernando Antonio Castro García en el corregimiento de La Gabarra, municipio de Tibú (Norte de Santander), y Carlos Celimo Iter Conde en el sector Las Juntas, municipio de Caloto (Cauca), elevando a cinco el número de excombatientes asesinados en el mes de septiembre.

Unos días después, Duque sí captó la atención de la prensa internacional cuando el periódico El Colombiano, que nadie puede acusar de ser un agente del castrochavismo, reveló que una de las fotos del dossier que Duque le había entregado al secretario general de la ONU, como pruebas en contra del gobierno del presidente Nicolás Maduro, no había sido tomada en Venezuela sino en el Cauca. Luego se supo que fueron cuatro las fotos falsas. Aunque intentaron explicar que eran de “carácter ilustrativo”, el daño quedó hecho poniendo en tela de juicio el conjunto del famoso dossier, que solo sirvió para demostrar la chambonería de la llamada “estrategia” para tumbar a Maduro y reemplazarlo por Juan Guaidó, cada vez más desprestigiado, especialmente luego de verlo muy sonriente en las fotos con los Rastrojos, esas sí reales.

Pero no todo fue un fiasco. En su viaje, el presidente Duque logró que lo nombraran para encabezar la Comisión de la ONU para la Consolidación de la Paz en Burkina Faso. Es verdad: yo lo leí en su cuenta oficial de Twitter. Lo único que se me ocurre es desearle mucha suerte al querido pueblo burkinés.

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* Profesor de la Universidad Nacional de Colombia y director de Planeta Paz.

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