¿Fracasan las naciones?

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En la mayoría de las veces, casi siempre, fracasan los gobiernos, las políticas que implementan y desarrollan a partir de sus propuestas y programas electorales y de gobierno, para tratar los males de diverso orden que sobrevienen a las naciones como comunidades sociales en sus sistemas y modelos institucional y jurídico, político, productivo y económico en general.

De igual manera, en el social, ambiental y el de explotación de los recursos naturales, los servicios públicos y de salud, el empleo, la educación, la ciencia y la tecnología, la cultura y las humanidades, la política exterior, y la interior en lo que tiene que ver con las relaciones, protección, inclusión y respeto a las diferencias de las comunidades indígenas, afrodescendientes y minorías étnicas al interior del territorio que conforma la nación.

Tanto en el ámbito particular como en el de su conjunto, cuanto se colige históricamente es que las naciones son arrastradas a sus crisis, “fracasos”, por un torbellino de políticas improvisadas, coyunturales, en función de intereses particulares a los que les “sirve” de marco una institucionalidad débil, manipulable, y en la misma dirección de aquellos y del “poder” que las detenta y condiciona en una relación política predominante.

Estados Unidos de Norteamérica, para citar el caso de la nación más poderosa de la tierra, no registra en su génesis incidente histórico alguno que dé en calificarse de “fracaso” en su ya largo y sostenido proceso de crecimiento y afianzamiento en el que estas dos categorías son susceptibles de medir el desarrollo de una nación en las diferentes variables que confluyen en él, y consecuentemente sus éxitos o fracasos, pues estos resultan de las políticas que den en aplicarse para consolidarlo o inmovilizarlo.

No obstante la gravedad de la situación, no quiere ello decir que USA, la nación más poderosa de la tierra, capaz de conquistar el espacio, revolucionado la ciencia, la tecnología, la industria y los medios de producción, el aparato productivo, el capital y la economía, como nación haya fracasado porque 1.5 millones de neoyorquinos, de los casi nueve millones que habitan New York, agonicen de hambre en las calles y puertas de los bancos de alimentos e instituciones de caridad, 40 millones de ciudadanos americanos, 8 millones desde mayo de 2020, vivan por debajo de la línea oficial de pobreza, al igual que el 11% de los niños blancos, el 32% de los negros y el 26% de los latinos, sin contar entre estos los que Trump tiene secuestrados en la frontera con México.

En el caso del hambre, la desigualdad de ingresos, el empleo y la riqueza, la seguridad social, la inclusión efectiva de vastos núcleos de norteamericanos en situación de precariedad, desempleo y nula capacidad de demanda e incorporación al torrente productivo, han sido las políticas públicas las que han fracasado de manera histórica, criminal, en USA.

Ya porque nunca se formularon como políticas de Estado y apenas si fueron anuncios de campaña, tanto de demócratas como de republicanos, ora porque las que pudiesen existir no se revaluaron y pusieron a tono con las circunstancias históricas ni se habilitaron los canales institucionales para activarlas y ponerlas en marcha frente al ciudadano americano en condición desvalido social, desempleado, minoría racial o pobre.

En tanto la economía, el modelo vigente, genera crecimientos nunca vistos del capital, la ciencia y la tecnología avanzan vertiginosamente, el espacio se coloniza, la industria multiplica su producción gracias al acelerado desarrollo de la automatización, entre otros progresos de los medios de producción, prueba del éxito de la nación americana, su sistema social, las instituciones que lo soportan y direccionan, se contrae, reduce y excluye cada vez más en protección y bienestar al conjunto de su población vulnerable.

“EE. UU. es uno de los países más ricos, poderosos y tecnológicamente innovadores del mundo; pero ni su riqueza ni su poder ni su tecnología se están aprovechando para abordar la situación en la que 40 millones de personas continúan viviendo en la pobreza”. (Philip Alston, relator especial de la ONU para la extrema pobreza y derechos humanos).

* Poeta

@CristoGarciaTap

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