Por: Columnista invitado

¿Fracasó el modelo de valorización?

El inconformismo de los ciudadanos, la ineficiencia de la administración y la falta de planeación hacen necesario replantear el modelo de valorización en Bogotá.

Desde la aprobación del Plan de Obras, financiado por valorización, en 2005, las administraciones anteriores han modificado dos veces los plazos para el inicio de la ejecución de las obras. Hoy la administración distrital presenta una nueva modificación, prorrogando algunos plazos y aumentando en aproximadamente 336 mil millones de pesos el monto de la contribución para la segunda fase.

Así las obras, que inicialmente debían estar terminadas en 2011, sólo se comenzarán en 2013 y el valor total de las fases 2 y 3 se incrementará en 41% y 28% respectivamente. Como lo dicta la norma, el cobro de la contribución por valorización se realiza antes de iniciar las obras y la administración cuenta con dos años a partir de éste para iniciar la construcción, de lo contrario deberá devolver los dineros.

La falta de planeación y la poca capacidad de gestión del gobierno distrital nos han situado en el peor de los escenarios. Por un lado, los ciudadanos han sido obligados a pagar puntualmente las contribuciones, mientras que las obras no se ejecutan en los plazos establecidos. Por otro, la administración aumenta el valor de las obras y prorroga los plazos sin que se tenga certeza de la entrega de las mismas.

La administración no debe seguir trasladando los costos sociales y económicos derivados de su ineficiencia a los ciudadanos. El cobro de la valorización debe hacerse “contra entrega”; la carga inicial de la construcción la deben asumir las entidades y no los contribuyentes. Por una parte, se recobraría la confianza en el pago de impuestos y contribuciones. Por otra, se le exigiría a la administración la planeación adecuada, así como la ejecución responsable y oportuna.

La administración cuenta con varias alternativas para financiar la construcción de las obras. Podría apropiar parte de sus ingresos corrientes, privilegiando la transformación de la ciudad. También, tiene la posibilidad de utilizar los recursos de crédito o titularizar la valorización.

Es evidente que el actual modelo ha generado cargas desproporcionadas a los contribuyentes. Hoy es posible cambiar el sistema de valorización. Los ciudadanos deben tener la certeza del destino de sus contribuciones y por eso el “pago contra entrega” sería una garantía para acabar con la improvisación.

 

* Miguel Uribe Turbay, Concejal de Bogotá

 

 

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