Por: Columna del lector

¿Fracasó el poder constituido en construir la paz?

HAN SIDO INNUMERABLES las dificultades que ha tenido que sortear el proceso de paz. Vale recordar que el esquema bajo el cual estaba planteado éste se componía de cuatro fases, la primera denominada “fase exploratoria”, que tuvo un carácter secreto y en la cual se pactaron los puntos a tratar en la agenda de discusión de la mesa de diálogos, así como los términos y reglas de juego de la negociación; la segunda denominada “fase de dialogo”, de carácter público, que arrancó con la instalación de la mesa en la ciudad de Oslo, y se desarrolló a través de los diferentes ciclos de negociación en La Habana, hasta llegar a un documento que firmaron las partes denominado: “Acuerdo Final para la construcción de una paz estable y duradera”; la tercera, la refrendación del acuerdo, vía plebiscito en primer momento, y vía Congreso de la República posterior al fracaso del dos de octubre.

Después de sortear la infinidad de obstáculos de cada una de esas fases, incursionamos en la última etapa, denominada “fase de construcción de paz”, que no es otra cosa que el periodo de implementación normativa y ejecución de lo acordado, con el fin de superar las causas y resarcir los efectos del conflicto armado colombiano. En este periodo estaban definidas claramente las responsabilidades de las partes dentro de lo acordado.

Por un lado, la insurgencia se comprometía a hacer una dejación de armas total, entregar sus bienes al Estado colombiano y acudir ante un sistema de justicia transicional que permitirá a esa guerrilla reparar el daño causado a las víctimas por efecto de su alzamiento armado. Por otro, el Gobierno nacional se comprometía a una serie de reformas que permitirán superar las causas del conflicto (fundamentalmente en el campo), ampliar la democracia (garantizando incluso la participación de las Farc en la vida política legal), y permitir la reincorporación exitosa de los excombatientes en lo social, lo económico y lo político.

Si bien las Farc cumplieron con lo acordado (dejación de armas, entrega de bienes y transformación en partido político legal), el Gobierno nacional ha sido incapaz de hacer lo propio. El poder constituido en tres grandes ramas, Ejecutivo, Legislativo y Judicial, no ha mostrado la misma cohesión que tuvo para enfrentar la guerra, ahora en tiempos de construcción de paz.

El Ejecutivo no logró una reincorporación exitosa de los excombatientes, el Legislativo ha desmembrado el acuerdo de paz y desnaturalizado todas las reformas que se han tramitado en su interior (JEP, Reforma Política, Circunscripciones de Paz, etc.), el Judicial ha emitido fallos que se oponen al juzgamiento de los financiadores de la guerra y dado vía libre al hociqueo de lo acordado.

En conclusión, el poder constituido ha sido incapaz de dar solución al conflicto colombiano, entre otras cosas, porque parte de ese conflicto es consecuencia de su forma de actuar.

En ese sentido, la única solución viable si se desea preservar la esencia del acuerdo de paz es recurrir al poder constituyente, que edifique una nueva institucionalidad y permita la modernización del país.

Solamente el accionar de un nuevo poder (un poder que se constituya para un escenario de paz) podrá conseguir que este país supere el ciclo de violencia que se ha instituido en forma de cotidianidad dentro de la vida política nacional.

@w_alexander_a

 

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