Por: Luis Carvajal Basto

Fracasó la política

Mientras las “partes” insisten en hacer  cuentas sobre el quorum en el senado  o  interpretaciones jurídicas condicionadas por la postura de cada quien, las objeciones a la  JEP, una pugna política sin saldar y no un problema matemático o jurídico, llegará a la Corte Constitucional luego de una dilatada puja  que refleja, ni más ni menos, la división del país. “Apenas” para ello sirvió la discusión en el congreso, que, como consecuencia del inmovilismo de los actores, no la resolvió. ¿Lo logrará la Corte?

En un escenario en que el  tiempo  juega a favor de las posturas del gobierno y se abre paso, a tropezones, una nueva coalición mayoritaria, ha costado más de lo esperado reconocer la división del país y, en consecuencia,  establecer alguna fórmula de consenso. Colombia afronta un dilema en que los referentes son unos acuerdos  imposibles de desconocer, de una parte, y la voluntad de la mitad de la población, de otra.

Ni  gobierno ni  Uribismo los  han desconocido expresamente  pero sus objeciones   representan a  un sector importante de  colombianos. Una opinión no tan silenciosa que se expresó en las presidenciales y en el referendo y que, diariamente, lo hace en  reuniones familiares; en  restaurantes;  aulas de clase; salones de belleza  y en todas partes: los acuerdos con las FARC se firmaron pero no nos hemos podido  poner de acuerdo entre nosotros mismos. No se trata de una postura filosófica o ideológica interesada: es un hecho real fácilmente constatable. Tampoco del número de objeciones. Si se trata de números, el 50% de la ciudadanía considera que tiene pendientes para resolver.

Se impone la búsqueda de ese consenso que, de no lograrse, seguirá determinando nuestro devenir  en las próximas décadas. Habremos cerrado una guerra para comenzar otra. Muchos  factores que la alimentaron y financiaron, como la demanda y el comercio de drogas, siguen vivos. El camino más fácil consiste en reafirmar que debemos privilegiar la Paz. Por supuesto, pero ¿Cómo integramos en esa voluntad al 50% que reclama? ¿La solución será seguir negando su existencia e importancia aun después del referendo y las presidenciales?

Cuando, en medio de la violencia, intentábamos  la Paz con las FARC, reclamábamos serenidad y atemperamiento en los ánimos de retaliación y venganza, sentimientos tan negativos como inútiles. Otro tanto debemos  intentar ahora ante quienes quieren cerrar los ojos, y los espacios políticos,  a las solicitudes de una parte importante de la ciudadanía también imposibles de desconocer.

Lo ocurrido en el congreso hizo recordar  los cónclaves papales: Estuvieron  “encerrados”  un largo periodo; por etapas, en cámara y senado, sin conseguir humo blanco. No naufragaron,  ni ganaron, las objeciones presidenciales; no triunfaron sus opositores, ni perdieron: fracasó la política como una forma civilizada de solucionar diferencias de intereses. Nuestros representantes fueron inferiores al desafío de alcanzar convivencia y acuerdos sobre temas fundamentales, cediendo  sus responsabilidades a la Corte Constitucional, cuya “iluminación” no proviene, propiamente, del espíritu santo, si no, en buena parte, de la influencia del gobierno Santos, dicen en la calle, a diferencia de lo que  ocurre en Roma.

La Corte Constitucional, afirman, es la misma Corte que refrendó los acuerdos. Con casi los mismos ingredientes, salvo la victoria presidencial del uribismo, es difícil, en teoría, esperar resultados diferentes.

La Constitución es, en esencia, un código político y la Corte que tiene la función de interpretarlo y protegerlo no puede dejar  de serlo. Se trata del  más político, por mandato de la misma Constitución, de nuestros  tribunales. Debemos esperar prudencia y   sabiduría en la búsqueda de ese  consenso que los políticos de oficio no han logrado; que decida, comprendiendo integralmente  el contexto, en lugar de “fallar”, simplemente, a las realidades y expectativas históricas, y no solo coyunturales, de los colombianos. De esa decisión dependerá  que  nuestra  polarización avance o se detenga. No conviene apostar al fracaso de la política ni olvidar que la guerra es, precisamente, “la continuación de la política por otros medios”.

@herejesyluis

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