Fracasos en serie

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Además del fracaso de la política de empleo del gobierno de Duque, de la matazón de líderes sociales, del aumento de las masacres, del escándalo de la Ñeñepolítica —del cual puede resultar que su campaña presidencial compró votos con dineros non sanctos—, de los escasos resultados de la tal Conversación Nacional y de las gravísimas implicaciones que para la economía puede tener la reducción a la mitad de los precios del petróleo, este Gobierno ha sufrido un fracaso mayúsculo, que ha pasado casi inadvertido para los columnistas: la absoluta ineficacia de su política antidrogas.

Después de que con bombos y platillos el comisionado de Paz, Miguel Ceballos, anunciara en septiembre, luego de cumplirse el primer año de la administración Duque, que se habían erradicado 98.200 hectáreas de coca (83.142 mediante erradicación manual, 11.411 por sustitución voluntaria de cultivos y 3.693 mediante el sistema de formalización de títulos de tierras), y después de que el ministro de Defensa, Carlos Holmes Trujillo, anunciara a comienzos de diciembre que la meta de erradicación de 2019 no solo se había alcanzado sino que se había superado, porque se habían erradicado 81.305 hectáreas, la Oficina de Política Nacional para el Control de Drogas de la Casa Blanca anunció que las hectáreas sembradas con coca habían pasado, en 2019, de 208.000 a 212.000, es decir, que habían aumentado un 1,92 %, y que la cocaína “exportada” había alcanzado la cifra récord de 951 toneladas, o sea que se había incrementado en un 8 %.

Esa revelación tendría que haber suscitado reacciones: por ejemplo, si el Gobierno estaba seguro de que sus datos eran ciertos, ha debido protestar por la inexactitud de las cifras de los gringos. Así lo hizo por lo menos cuando el representante de la alta comisionada de la ONU para los Derechos Humanos emitió su informe sobre la situación de los derechos humanos en el país y sobre el número de líderes sociales y defensores de derechos humanos asesinados en 2019.

Ahora, si no desmentía las cifras, era porque estaba convencido de que los datos gringos eran ciertos. Entonces, se ha debido hacer un llamado al comisionado de Paz y al ministro de Defensa para que aclararan de dónde sacaban sus cifras y por qué eran tan diferentes a las del gobierno de Trump. Porque si se acepta, como dijo en septiembre el comisionado Ceballos, que a las hectáreas erradicadas hay que restarles la resiembra, la cual, según la ONU, oscila entre el 50 y el 67 %, deberíamos tener máximo 169.594 hectáreas de coca. Y si se aceptan los datos del ministro, deberíamos tener máximo 175.170.

Entonces, ¿qué pasa con las cifras sobre cultivos ilícitos? ¿Por qué hay discrepancias entre las que suministra el comisionado y las que da el ministro? ¿Son ellos los que mienten o a ellos les dan información falsa? ¿O será que en Colombia la resiembra no es, como dice la ONU, del 67 %, sino que es de más del 103 %?

Cualquiera de las respuestas anteriores es grave. Y de ellas no puede desprenderse sino una conclusión: que la política antidrogas del gobierno de Duque es un fracaso.

Y una pregunta final: ¿por qué tienen casi abandonada la sustitución voluntaria de cultivos, en la cual la resiembra, según la ONU, es menor del 1 %? ¿Será que les huele a política santista? Como dice Eduardo Díaz Uribe, experto en el tema, en este caso el Gobierno lo que hace es pedalear en bicicleta estática...

www.patricialarasalive.com, @patricialarasa

 

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