Por: Columnista invitado

Francia en guerra

Desde los ataques contra Charlie Hebdo y el supermercado kosher en París los pasados 7 y 9 de enero, muchos se están preguntando si en Francia podría desatarse un conflicto religioso que conduzca al país a la guerra civil.

Varios políticos e intelectuales cercanos a la extrema derecha han optado por responder a esta pregunta de manera afirmativa, sosteniendo que Francia atraviesa por un período de fragmentación sin precedentes en su historia, que se había anunciado desde hace tiempo y que ahora empieza a manifestarse a través de la violencia armada. Aymeric Chauprade, un eurodiputado del Frente Nacional de Marine Le Pen, incluso publicó un video en las redes sociales mencionando textualmente que Francia está en guerra con los musulmanes. Además de irresponsable, esa afirmación es falsa y fácil de desvirtuar.

Francia tiene problemas económicos y sociales serios, hay un fenómeno masivo de desempleo, menos movilidad social que antes, cierto segregacionismo de los musulmanes y una preocupante ausencia de optimismo para afrontar los retos futuros. Todo eso es cierto. Sin embargo, no hay bandos consolidados en torno a ideologías divergentes que resulten de un choque civilizatorio, como han pretendido demostrarlo algunos, entre ellos Chauprade, y el Estado francés tiene un monopolio de la fuerza muy bien establecido sobre su territorio que hace inimaginable la explosión de un conflicto interno en los años venideros.

No obstante, en el plano internacional, Francia sí está en guerra desde septiembre de 2014 y hace parte de una coalición internacional liderada por los EE.UU. que lucha contra el Estado islámico (EI). Los franceses tenían poca o ninguna conciencia de ello hasta que tuvieron lugar los atentados de los hermanos Kouachi y de Coulibaly.

En el marco de la operación Chammal, nombre dado a la participación de las fuerzas militares francesas en la coalición, se desplegaron una fragata de guerra en el Golfo Pérsico y varios aviones Rafal que están bombardeando posiciones del EI desde por lo menos hace seis meses. También se ha venido prestando apoyo logístico al gobierno iraquí, a los kurdos y a los peshmargas para que aumenten su capacidad ofensiva contra los jihadistas (esto sin olvidar la intervención en Mali, que comenzó en 2013, a petición del gobierno instalado en Bamako, para retomar el control del norte del país ocupado por al menos seis grupos diferentes de extremistas islámicos).

Que Francia estaba en guerra como miembro de la coalición era un hecho evidente para los responsables políticos galos y para una parte importante de la opinión internacional. François Hollande pronunció un contundente “estamos en guerra” en su última visita a la Asamblea General de la ONU en Nueva York. Eso sí, el hecho era menos evidente para el pueblo francés, que vio los bombardeos como algo marginal, alejado de sus fronteras y sin conexión directa con su vida cotidiana.

Francia no está ni en una guerra civil ni en una guerra contra los musulmanes, pero sí está peleando una guerra internacional contra el terrorismo. Ahora está bien claro.

 

 

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