Por: Ramiro Bejarano Guzmán
Notas de buhardilla

Francisco el hombre

Por supuesto que para los católicos creyentes y practicantes la venida del papa Francisco a Colombia es un acontecimiento inolvidable, por su recorrido por Bogotá, Medellín, Villavicencio y Cartagena, oficiando misas y prodigando bendiciones. Pero muchos otros colombianos que respetamos la libertad de cultos que a la mayoría de los católicos no les importa, incluidos los sacerdotes colombianos, esperamos que el pontífice no venga solamente a rezar.

Hay que reconocer que Francisco es un sucesor de Cristo singular porque ha puesto el dedo en la llaga donde el oscurantismo ultracatólico no se ha atrevido. Por ejemplo, aquí la jerarquía católica no ha acatado la orden papal de pedir excusas por los atropellos infringidos a menores por los curas pederastas. El cardenal Salazar, quien por estos días será acogido como un héroe por haber traído a Francisco, frente al requerimiento de disculpar a la Iglesia simplemente anunció que aquí son tan pocos los casos que no hay necesidad de cumplir ese mandato. Aunque las noticias de los últimos años desmienten al poderoso cardenal, así hubiese apenas un solo menor abusado, las excusas públicas debieron haberse ofrecido. ¿En esa tarifa cardenalicia cuántos niños abusados o ultrajados por sacerdotes católicos se requieren para que se cumpla la clara y perentoria orden de Francisco?

Por gestos y actitudes como esas a Francisco no lo quieren todos los católicos. Hay quienes lo odian y lo califican con adjetivos impublicables, como ese dechado de tolerancia de José Galat, y otros más de su estirpe ultraderechista. Para ellos el papa argentino es un infiltrado del comunismo y de los ateos, lo que por supuesto no es más que una caricatura de mal gusto.

En lo que respecta a nuestra particular situación colombiana, es importante no olvidar que la totalidad de los mandamases de la Iglesia católica, exceptuando al arzobispo de Cali, Darío de Jesús Monsalve, tienen además otra deuda grande con el país. Me refiero a la de haberse opuesto a la aprobación en las urnas del plebiscito por el Sí a los Acuerdos de Paz entre Gobierno y Farc. Fue evidente que los obispos y curas se dedicaron a desinformar y a exigir en sus homilías a su feligresía que votaran por el No, porque de lo contrario esto se iba a convertir en otra agencia del castrochavismo o que se volvería obligatorio el homosexualismo y otras sandeces semejantes. No les importó ponerle fin a la guerra que entre otras cosas ellos mismos impulsaron en nombre de su fe católica. Si el Sí hubiese sido aprobado por la inmensa mayoría de los colombianos, otro sería el rumbo y la temperatura de este país, pues los carroñeros que se han opuesto a las negociaciones con las Farc no tendrían justificante alguna para insistir en el odioso empeño de que la guerra continúe, eso sí, pero peleada con ejércitos conformados en su mayoría por jóvenes campesinos humildes.

Que pase lo que tenga que pasar y que todo salga bien para los católicos con la visita del papa, pero sobre todo para el país. Lo que sería inolvidable y útil para esta adolorida Colombia es que la autorizada voz del papa apoyara la paz concertada entre el Gobierno y las Farc, sin ambages. Un pontífice como Francisco que derrote con su palabra el pesimismo y la desinformación haría de su visita una efeméride que recordaríamos todos y que serviría de ejemplo para las futuras generaciones.

No soy yo precisamente el llamado a formularle recomendaciones públicas a un papa que a lo mejor nunca lo enterarán de lo que opinamos ciertos columnistas que creemos en la libertad de cultos sobre su presencia en esta tierra de Macondo, la de los “cien años de soledad”, pero ojalá que Francisco en todas y cada una de las ceremonias que habrá de presidir aquí en su condición de pastor o jefe de Estado, como jefe máximo de la religión mayoritaria en nuestro país, respalde la paz que hemos conseguido e invite a los suyos a obrar en consecuencia. Dios quiera que así sea. Amén.

Adenda. Increíble que ante semejante escándalo judicial los presidentes de las altas cortes, en entrevista en Caracol TV, hayan insistido en que se mantenga la Comisión de Acusaciones para que los investigue y los juzgue. Eso confirma que reformas de la mano de las cortes no son posibles.

notasdebuhardilla@hotmail.com

 

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