Por: Gonzalo Hernández

Francisco: perdón, cooperación, compasión y paz verdadera

Alguna vez pensé que una visita más pronta de Francisco a Colombia, quizás antes del plebiscito, le habría dado al proceso de paz el impulso que tanto necesitaba. Estaba equivocado. La politización del momento no habría dejado que su mensaje se sembrara bien. Habría enfrentado sin duda los embates de la superficialidad.

En cambio, la semana pasada, su presencia y sus reflexiones pudieron ir viento en popa a lo más profundo de nuestra ética para prender una llama ardiente que nos ilumina y orienta hacia una verdadera reconciliación en Colombia, para perdonar, “para dejar que Dios perdone en nosotros”, para reconocer que todos en la sociedad somos importantes y que todos tenemos una inmensa capacidad de contribuir, y para nunca olvidar nuestra vulnerabilidad -“porque todos somos vulnerables”- y estar listos así para encender nuestra compasión por la vulnerabilidad de los demás. Sí, perdón, cooperación y compasión.

Las acciones relacionadas con esos mensajes de Francisco alcanzan trascendencia cuando son fruto de una honda motivación para servir. Son plenamente humanísticas y transcurren en medio de la complejidad de las relaciones sociales. Toca insistir e intentar de nuevo, por difícil que sea, porque perdonar, cooperar y ser compasivos son acciones que no pueden desarrollarse en la soledad del individualismo.

Con su presencia, sus reflexiones, y también su disposición a escuchar, aprender, renovar y dejarse conmover, Francisco no solo congregó multitudes emocionadas y abiertas a escuchar un mensaje revelador, congregó también toda su espiritualidad y la de millones de colombianos en unos principios de vida y convivencia que se convierten en un camino para poder salir de las tinieblas de la crisis socio-ambiental de Colombia.

Pero estemos atentos. El perdón, la cooperación y la compasión no pueden emerger en una Cultura del Descarte. Dice Francisco en una entrevista: “Estamos en un sistema mundial económico que no es bueno. Y por ese afán de tener más, de querer más, toda la economía se mueve descartando, curioso. Se descartan los chicos, se descartan los ancianos. Ya no sirve, no produce, es clase pasiva. Y ahora está de moda descartar a los jóvenes con la desocupación. A mí me preocupa mucho el índice de desocupación que hay”. 

No es casualidad, entonces, que Francisco haya usado en su visita todos los símbolos posibles para enseñarnos quiénes son los descartados de Colombia, para agitar y alentar nuestra mente y alma. El mensaje de Francisco se hará vivo, concreto y permanente en nuestro país cuando le demos prioridad a los descartados de la sociedad, descartados por la guerra, por el desplazamiento forzado y por la exclusión social: jóvenes, mujeres, campesinos, los pobres, los más débiles. En ellos está la búsqueda de la paz verdadera.

Por esto la economía de la reconstrucción tendrá que ser una economía incluyente que reemplace la economía excluyente y de descarte - somos una de las naciones más desiguales del mundo. El lema de todo gobierno de aquí en adelante debería ser “por una sociedad incluyente, sin descartados”. Sigamos entonces a Francisco y demos el primer paso para construir una paz estable, duradera y verdadera en Colombia, con perdón, cooperación y compasión.

Profesor Asociado de Economía y Director de Investigación de la Pontificia Universidad Javeriana

 

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