Por: Catalina Uribe

Francisco por conveniencia

De las cosas más interesantes de la visita del papa fue la universal apropiación de sus palabras. “Moros y cristianos” hicieron suyo el santo mensaje. Pero lo que debía unir en sus palabras se reescribió en diferencias y reproches. Los defensores del proceso de paz, por ejemplo, repitieron la recomendación del papa de evitar la cizaña, mientras que los detractores le hicieron eco al sumo pontífice con respecto a la justicia y reparación de las víctimas.

¿Falló el papa Francisco? Al contrario. En comunicación política —y quizá no sólo política, sino en la comunicación humana en general— no es siempre la transparencia del mensaje lo que lo hace efectivo. Aunque suene contraintuitivo, el éxito de muchos discursos está en su equivocidad. Algo de lo que se dice les tiene que sonar a todos para que el mensaje sea en efecto masivo. Es un arte poder llegarles simultáneamente a los más diversos públicos. Quienes criticaron al papa por la simpleza de sus palabras, pasaron por alto lo bien calibrada de su comunicación.

Tal destreza es heredada. El cristianismo, como las otras religiones, especialmente las monoteístas, tiene siglos de vérselas con mensajes ambiguos y, a veces incluso, contradictorios. El mismo evangelio de Mateo, el más citado en relación con el mensaje de amor de Cristo, tiene relatos que se superponen y le podrían permitir soporte tanto al pacifista como al radical. Mateo 5:39 dice: “A cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra mejilla”. Dos páginas más adelante, se lee en Mateo 10:34 un mensaje diferente de Jesús: “No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada”.

¿Une el amor a Cristo o divide? ¿Le pidió el papa al país que buscara paz o que buscara justicia? Quién sabe. Hay veces que la paz sólo se alcanza con la suspensión de la justicia, y hay ocasiones que la justicia trae consigo malestar social. La historia entera de la Biblia crece y se complica al punto de que millones de personas, de los más diversos orígenes e intenciones, son capaces de encontrar en ese viejo texto lo que buscaban. Y después de más 2.000 años, la Iglesia católica sigue siendo una maestra en comunicación: su mensaje movió tanto a uribistas como a santistas sin tener que pasar por el engorroso asunto de tener que unirlos.

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