Por: Lisandro Duque Naranjo

Frank Pearl, un ministro modelo

El 30 de marzo de 2010 vi en acción a Frank Pearl, "comisionado de Paz" del gobierno anterior. Lo que me permitió disfrutar ese privilegio, fue la liberación del sargento Moncayo por parte de las Farc, que le hicieron entrega de su cautivo a Piedad Córdoba en algún lugar del Caquetá.

Fui allí con Colombianas y Colombianos por la Paz (CCP), cuyos miembros, al igual que docenas de periodistas y la comitiva del señor Pearl, esperamos durante seis horas en el aeropuerto de Florencia el regreso del helicóptero brasileño que había despegado llevando a la senadora selva adentro hacia donde tendría su final feliz la operación humanitaria. Pearl ocupaba una enorme tienda de lona lo más de cuca, dotada con baño y televisión, y cerrada con cremalleras para impedir no sólo que se les metiera adentro el bochorno de ese territorio, sino para que no se escapara una brizna de aire acondicionado que ventilara por un instante las sudorosas pieles de quienes nos asábamos afuera, sobre todo los de CCP, a quienes el comisionado nos profesaba una antipatía implacable. Pearl salía de su escarchado ámbito sólo a ordenarle a la tropa que nos hiciera correr hacia atrás a quienes cruzábamos una raya amarilla, como si por allí fuera a pasar una competencia de carros. Los soldados cumplían con pena ese pedido, pero nosotros les ayudábamos obedeciéndoles, para no armarle una gresca al funcionario. Luego de cada asoleada, Pearl volvía a su suntuoso cambuche a cambiarse de camisa. En total lució cuatro, y dos pantalones, muy fino todo, convirtiendo el operativo en una pasarela que nos entretuvo, pues bajo aquel sofoco apostábamos de qué color iba a ser su próxima muda. Había tal asepsia en su aspecto, tal zalamería en sus trapos y en su caminado de golfista, que resultaba más risible que insultante para esa concurrencia empapada por la transpiración.

El wikileaks de El Espectador del pasado domingo cuenta que el embajador Brownfield, en las vísperas de ese viaje al Caquetá, había instruido a Pearl para que aislara de esas gestiones humanitarias a Piedad Córdoba e “insistiera mejor en sus relaciones con la Iglesia Católica y la Cruz Roja”. Pero el funcionario entendió mal la cosa, y terminó aislándose fue él mismo, para cambiarse de ropa, no sin intentar varias veces abortar esa liberación que a pesar suyo salió bien. Una de sus intrigas fue armar un escándalo ante los medios, porque por Telesur pasaron un video de Moncayo en plena manigua, grabado por las Farc. “¡Violaron el protocolo!”, gritaba el pobre como un poseso, amenazando con suspender la operación.

Ese modelo de persona es ahora el nuevo ministro del Medio Ambiente. Un incapaz confeso, pues sin rubor ha dicho que en ecología carece de toda versación, lo que a las empresas mineras depredadoras las tiene de plácemes. ¿Cuántas camisas irá a llevar Pearl cuando visite la ruta esa del tren del Cerrejón, que es bastante ensuciadora?

Aclaración. Del cineasta Luis Sánchez:

“El domingo 11 de septiembre, en El Tiempo, apareció mi nombre junto al de un grupo de ciudadanos, en un manifiesto titulado “¿Por qué el coronel Plazas Vega aún no está libre?”. Por pertenecer la mayoría de quienes firman ese manifiesto a la dirigencia política, económica o militar del país, me sentí como mosco en leche. No conozco al citado coronel, no sé si es héroe o villano, no he leído su expediente, por lo tanto no tengo suficiente ilustración para opinar sobre el caso. Atribuyo la inclusión de mi nombre en esa lista, cuya visión de la justicia y la política colombianas respeto pero no comparto, a que algún amigo firmante mezcló la amistad con la afinidad ideológica. En razón a todo lo anterior hago constar que no fui consultado sobre ello y no suscribí dicho manifiesto. Luis Alfredo Sánchez.”

 

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