Por: Hernán González Rodríguez

Fraude en la UBS

El director ejecutivo de la Unión de Bancos Suizos -UBS- señor Oswald Gruebel, ha reconocido una pérdida cercana a los 3.000 millones de dólares, causada por un joven de 31 años, de nombre Kweku Adoboli. La policía inglesa lo ha acusado de fraude y falsificación contable, los cuales ocultó este señor presentando posiciones o colocaciones ficticias.

La prensa menciona que los problemas de este implicado se iniciaron en 2008 y que el banco no tomó medidas por entonces. Que las posiciones financieras deben estar limitadas y que, en consecuencia, fallaron los controles de la UBS. Se comenta, así mismo, que el señor Gruebel ya renunció a su cargo.

No faltan los comentaristas que afirman que crisis recientes, como las de los de Estados Unidos, más que enfrentamientos entre demócratas y republicanos, se deben a la carencia total de principios éticos de los jovencitos que administran el sector financiero con ánimo de lucro. En inculcar estos principios no se destacan ni las familias, ni las renombradas universidades que los forman.

The Economist de Londres sostiene que "la separación de la banca de inversión de la banca comercial puede prevenir, mas no eliminar, estos incidentes. Se inculpan de estos fracasos las bonificaciones irrealistas, atadas a metas difíciles de alcanzar y que les exigen a los empleados intermediarios asumir grandes riesgos en tiempos de inestabilidad financiera".

Los analistas coinciden en que los costos de estos traspiés inevitables del sistema no los deben asumir los contribuyentes, sino los causantes de ellos. Que el seguro de depósito de los gobiernos que se comenzó a generalizar desde 1930 para los cuentahabientes se justifica para la banca comercial, mas no para la banca de inversión.

Debo reconocer, empero, que esta pérdida de la UBS la absorberá totalmente este banco, sin necesidad de acudir a los contribuyentes. Pero, ¿y qué sucederá el día en que la pérdida resulte ser diez veces mayor?

Nadie discute que la banca de inversión le presta grandes servicios a la economía, en especial, respecto del manejo del riesgo. El problema ha radicado en que, en tiempos de crisis, los bancos mixtos reciben los dineros baratos que son inyectados por los gobiernos para la reactivación y, en lugar de prestarlos al público, se dedican a especular con ellos, a enriquecer a sus empleados, pasándoles las eventuales pérdidas a los pobres contribuyentes.

The Economist menciona el informe del comité Vickers, el cual fue publicado por coincidencia a la par con la revelación de este fraude. Se propone en él que los bancos destinen mayor capital para prevenir estos riesgos. La reacción de los banqueros no se hizo esperar, "el crédito se va a encarecer exageradamente".

Entiendo que las nuevas reglas de Basilea para el sector bancario se someterán a la aprobación del G20 en noviembre, en Seúl.

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