Por: Julio Carrizosa Umaña

Frenar a Bogotá

Las fotos de Soacha en las que vimos los puentes y las estaciones de Transmilenio colmadas de miles de personas apretujadas, gimiendo y peleando para entrar a los buses que lentamente los llevan a trabajos y estudios, son prueba de que es necesario frenar la expansión de Bogotá.

Me pregunto cuál será el aporte a la paz de esa ciudad norteña que se pretende construir sobre lo que debería ser un bosque si sus habitantes quedan condenados a vivir diariamente esa condena bogotana, como dice Cristian Valencia.

La obligación principal de la Alcaldía y el Concejo es mejorar la calidad de vida de los habitantes actuales, no construir ciudades modelo en ecosistemas protegidos para hipotéticos nuevos habitantes. Son cientos de miles las personas que han llegado a Bogotá en los últimos diez años huyendo de la guerra, del desempleo, del deterioro de los ecosistemas, de la pobreza crónica en el resto del país; su situación se resolvería redesarrollando el centro, en donde los jóvenes podrían vivir y encontrar empleo y educación sin tener que desplazarse diariamente desde los bordes de la capital. Esa sí sería una ciudad de la paz.

Pero todas estas reflexiones repetidas parecen ser inútiles ante la fuerza ingenua de las simplificaciones de los especialistas que respaldan las decisiones de la administración actual del Distrito Capital. Para ellos no existe nada más que lo que sus modelos ideológicos perciben de la realidad; no hay estructuras ecológicas, ni microecosistemas edáficos, ni aguas subterráneas, únicamente potreros que deben eliminarse porque en sus mentes los potreros no son productores de leches, quesos y carnes, menos aún son ecosistemas que pueden ser restaurados, tampoco parte del paisaje que nos recrea a los bogotanos y que extasía a los turistas; son, simplemente, espacios que están esperando un buen urbanizador.

Por eso es bueno resaltar cuando algún buen urbanista, como Jaques Mosseri, escribe que es necesaria “una política de poblamiento y crecimiento de todos los núcleos urbanos”. Es una excelente propuesta, aunque en su argumentación olvida que la Sabana es hoy un importante productor de alimentos y generador de riquezas privadas y públicas, además de un agroecosistema único en el planeta que podría ser admirado en el ámbito turístico internacional. Esperamos que el Departamento Nacional de Planeación genere un diálogo público, objetivo y complejo para que esa política de poblamiento y crecimiento pueda construirse.

 

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