Por: Gustavo Páez Escobar

Freno a los fraudes bancarios

En sentencia de la Sala de Casación Civil de la Corte Suprema de Justicia, del 26 de diciembre de 2016, que solo vino a conocerse hace poco, se condenó al Banco AV Villas por la sustracción no autorizada de cerca de $125 millones de la cuenta de ahorros de una empresa. La entidad financiera se negaba a asumir ese hecho alegando que era el cliente el responsable del fraude cibernético.

Al fin se produce, después de largos años, un acto de justicia que mete en cintura a la banca para que responda por los dineros que le han sido confiados y que son objeto de robo mediante los sofisticados y cada vez más avanzados sistemas que utilizan los delincuentes para apoderarse de cuantiosas sumas.

De modo generalizado, y puede decirse que automático, los institutos financieros  han venido aduciendo que los fraudes obedecen a descuido del cliente en la protección de la tarjeta bancaria y en el manejo de internet. De esta manera, la cuerda se reventaba por lo más débil. Los bancos exponían pruebas técnicas en las que demostraban que el dinero había salido de la propia tarjeta del usuario, y solo él debía manejar la clave confidencial.

Y no aceptaban las habilidosas clonaciones y demás métodos audaces que permiten asaltar la buena fe del cliente y burlar la seguridad bancaria. Esto lo conoce muy bien la banca y, sin embargo, ha venido aduciendo argumentos falsos para salvar sus cifras y sacrificar las de la clientela. Un lector de esta columna manifiesta: “Esa es la prueba, una vez más, del error de tener dinero en los bancos y del error de tener tarjetas de crédito”. Hasta ese extremo hemos llegado.

A raíz de varios artículos que he escrito sobre este asunto, me han llegado 38 correos de personas defraudadas que coinciden en la misma negativa bancaria para restituir los dineros extraídos en forma ilícita. Las razones son idénticas en todos los sucesos, pues salen de un formato preestablecido, imposible de refutar. Así, el cliente siempre es el perdedor, y el volumen de la plata estafada en el país es tan voluminoso, que se hace imposible cuantificarlo.

En lo que conozco, hay solo 3 casos, diría que insólitos, donde se ha recuperado el dinero. Uno de ellos, el sucedido en Armenia con la señora Claudia Rosalba Bermúdez, de cuya cuenta con el Banco de Colombia fueron extraídos más de $ 20 millones en ciudad distinta a la de su residencia. Después de 8 años de alegato judicial, en los que ella tuvo que cerrar su negocio y entró en grave estado depresivo, un juzgado condenó al banco a asumir el valor del fraude. Esta sentencia fue confirmada por el Tribunal Superior de Armenia en agosto de 2016.

La Corte Suprema de Justicia, al resolver el litigio arriba mencionado, dice que los bancos están obligados a reconocer a sus clientes los perjuicios causados, mientras no se demuestre que el robo fue posible por descuido del usuario. Estos, como depositarios de la fe pública, deben garantizar la seguridad del dinero que se les confía. Esto es elemental. Ojalá de aquí en adelante la banca camine por otra ruta.

escritor@gustavopaezescobar.co

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