Por: Gloria Arias Nieto
Pazaporte

Fronteras invisibles

La Fundación Solidaridad porº Colombia entregó, a la comunidad de Mocoa, el parque Bosques de Paz; con ello le dio una mano a la tierra y a la gente, y reafirmó que la solidaridad es la mejor vacuna contra el olvido. El Bosque ayudará a disminuir el efecto devastador en caso de nuevas avalanchas, y desde la siembra del primer árbol se empezaron a crear vínculos donde antes había una suma de soledades.

Hace dos años, estos barrios vieron cómo el torrente de piedras, río y barro se llevó casas y familias enteras, y lo perdieron casi todo —menos la resiliencia—. Bosques de Paz logró que ellos mismos rompieran las fronteras invisibles que los dividían; tuvieron un motivo para sembrar juntos y, literalmente, echaron raíces. Antes solo los unía el dolor por sus muertos; hoy, anochecen en las bancas del parque, tejiendo futuro y comunidad.

Basta una causa común, una verdadera voluntad de sintonizarnos alrededor de la vida; basta trabajar sin miedo para romper los muros que hemos levantado en un absurdo afán de separarnos hasta de nosotros mismos.

No es fácil, porque nuestra historia está llena de fronteras injustas, atávicas y peligrosas; y nos envenena el estímulo perverso del “divide y reinarás”.

Un 9 de abril mataron a Gaitán. Bogotá ardió en llamas y la Colombia del siglo XX aumentó sus rupturas, consumiéndose en divisiones ideológicas, partidistas y de clase social; de creencias religiosas y rebeldías reprimidas.

Nuestra generación ha vivido y muerto con los asesinatos de Luis Carlos Galán, Guillermo Cano, Rodrigo Lara… nuestros padres, con Jorge Eliecer Gaitán; nuestros abuelos, con la Guerra de los Mil Días. Y así hemos ido, de violencia en violencia, porque así de tristes y duros han sido nuestros hitos. Y cuando finalmente se consigue lo imposible, resulta que ya estábamos tan ebrios de guerras que no supimos cómo recibir la paz.

9 de abril. Se conmemora en Colombia el día nacional de las víctimas. Ojalá los otros 364 días del año les reconozcan que ellas y el conflicto sí existen. Ojalá víctimas y victimarios puedan —sin renunciar a su historia y su memoria— quitarse los INRI que los dividen y estigmatizan, y que la esencia de su vida deje de ser el daño que les causaron o el daño que hicieron, sino ellos, nosotros —todos—, como seres realmente humanos, comprometidos en la construcción de un inmenso bosque de paz, cultivado por 50 millones de colombianos.

Todo eso exige determinaciones y necesitamos que el presidente de Colombia defina si dedicará lo que le queda de gobierno y gobernabilidad a cumplirle al país (la paz es mandato constitucional), o respalda a quien justifica la “#MasacreConSentidoSocial”. Pregunto: ¿no ha dicho y hecho ya el senador Uribe suficientes cosas aberrantes e indefensibles como para que el presidente Duque tome la decisión más importante de su conciencia y de su vida política, y se independice definitivamente de alguien tan nefasto?

Dos posdatas al cierre de la columna:

@DCoronell mi profe, maestro del periodismo serio y valiente; ejerce el rigor como consigna de vida. #PorQueQuierenSilenciarACoronell: porque le tienen pavor a la verdad.

Hoy, 9 de abril a las 12:30 en el Museo del Chicó habrá una misa por un joven y apasionado gaitanista, un incansable rompedor de fronteras invisibles, que murió hace un año, a los 94: Roberto Arias, mi papá.

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2019-04-09T05:30:00-05:00

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