Por: Daniel García-Peña

Fuego amigo

Se acercan las elecciones y aumenta cada vez más la intensidad de la campaña. En el caso de Bogotá, es natural que la mayoría de los ataques estén dirigidos contra Claudia López, por ser la delantera en todas las encuestas. Lo que no es natural es que los más virulentos y venenosos provengan no de la derecha, sino de la izquierda.

En las redes sociales, particularmente desde las toldas petristas, los descalificativos contra ella oscilan entre neoliberal, peñalosista, uribista y hasta fascista. Acusar a Claudia de ser peñalosista por haber apoyado a Peñalosa hace 20 años es tan absurdo como sacarle en cara a Petro su apoyo a Alejandro Ordóñez hace 10 años. Y llamarla uribista es risible, siendo de las más duras críticas de Uribe. Pero lo más curioso es que cuando Claudia decidió apoyar a Petro el año pasado para la segunda vuelta, ahí sí fue muy bienvenida.

Una rabia parecida se extiende a Sergio Fajardo, a quien culpan de la derrota de Petro por su voto en blanco en la segunda vuelta, lo cual es matemáticamente falso. De los 5 millones que votaron por Fajardo o De la Calle en la primera vuelta, solo 400.000 de ellos votaron en blanco en la segunda vuelta, una cifra insignificante frente al resultado final (Petro perdió por 2,3 millones). El hecho de que sólo el 8% de sus votantes acompañaran a Fajardo y De la Calle (y a Robledo) en el voto en blanco es muestra de que se trata, al fin y al cabo, de electores libres. La inmensa mayoría, 3,2 millones, votaron por Petro, mientras que 1,4 millones lo hicieron por Duque. Entonces, la pregunta no es acerca del voto en blanco, sino ¿qué pasó con los 1,4 millones?, cifra que sí es significativa y determinante. La respuesta es que muchos de ellos votaron en contra de Petro más que por Duque. Petro no perdió por culpa de Fajardo, sino por culpa de él mismo.

Pero la peleadera, a la que Fajardo ha hecho bien en no meterse, se extiende mucho más allá del ámbito personal. Las pugnas entre “radicales” y “tibios” hacen parte de una vieja historia nuestra, en las izquierdas y los sectores alternativos, de luchas intestinas, divisiones ideológicas, purgas y canibalismo. Y no es un asunto de aquí y ahora. Las contradicciones fratricidas entre comunistas y socialdemócratas (los tibios de ese entonces) en la Alemania de Weimar le abrieron el camino al nazismo. La disputa entre el centro de Hillary y la izquierda de Sanders le abonó el terreno en 2016 a Trump en EE. UU. Las discusiones entre el PSOE y Podemos han imposibilitado formar un gobierno juntos en España.

Hoy, el palo no está para cucharas. En un mundo en que avanzan las derechas extremas a pasos galopantes, quienes luchamos por el cambio democrático, la paz y el planeta no podemos darnos el lujo de estar peleando entre nosotros. Con todo el cariño les digo a mis muchos amigos petristas que el enemigo no es Fajardo ni Claudia, sino el uribismo, que les recuerdo está gobernando en Colombia, con poderosos y peligrosos aliados en el exterior.

Todas las encuestas indican que Claudia va a ganar sin el apoyo de Petro y que la votación de Hollman será ínfima. Pero otra cosa sería su triunfo como consecuencia de una gran convergencia de fuerzas progresistas unificadas y no fragmentadas. Por supuesto, hay diferencias que hay que seguir debatiendo y el asunto del metro es vital para el futuro de Bogotá. Pero es indudable que las semejanzas son muchísimas más que las diferencias. Todavía hay tiempo para los acuerdos, aunque poco: hasta el 27 de septiembre se pueden modificar las candidaturas.

Aún guardo la esperanza de que primen la serenidad y la sensatez. La bancada alternativa en el Congreso es un excelente ejemplo de que sí es posible, pese a las diferencias, actuar en conjunto. El triunfo arrollador de Claudia en Bogotá como resultado de ese mismo espíritu de unidad le enviaría un excelente mensaje de esperanza al resto del país, tan mamado de la corrupción, la polarización, la desigualdad y el desgobierno.

[email protected]

* Profesor de la Universidad Nacional de Colombia y director de Planeta Paz.

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