Por: Gonzalo Silva Rivas
Notas al vuelo

Fuera del radar

La visita del papa Francisco, que sosiego y regocijo produjo entre los colombianos, dejó, sin embargo, una víctima en el camino. Le quitó el sueño y el puesto al director de la Aerocivil, Alfredo Bocanegra, luego de su enfrentamiento con el jefe de seguridad operacional, general Juan Carlos Ramírez, quien se negó a modificar a última hora el protocolo aeronáutico para que se permitiera el porte de armas en los vuelos locales del pontífice.

Su desmedido protagonismo por garantizar la seguridad del pastor universal lo llevó a pretender pasarse por la faja la regulación internacional —acatada por Colombia—, que recomienda prohibir el abordaje de armas en los aviones comerciales, salvo casos puntuales para los que se requiere la definición de una rigurosa formalidad. En el país la restricción es absoluta, tanto para vuelos nacionales como internacionales, y cualquier alteración de la medida exige de regulación previa y no de una súbita y caprichosa decisión burocrática.

Bocanegra, abogado y excongresista conservador tolimense, permaneció 15 meses en el cargo, soportando la presión generalizada de un amplio sector de los trabajadores. El escándalo en el que se vio envuelto desbordó la copa, que gota a gota se llenaba con la lluvia de denuncias llegadas a oídos del Gobierno, que a través del MinTransporte exigió su inmediata renuncia.

Algunos sindicatos aeronáuticos habían llevado hasta las instancias del Congreso de la República un memorial de quejas sobre supuestas irregularidades administrativas, entre las que se sumaban maltrato a funcionarios, viajes personales con recursos públicos y nombramientos en cargos estratégicos de cuotas políticas sin experiencia en el manejo de sus responsabilidades. Buena parte de los mandos directivos se cubrió con familiares y exasesores de parlamentarios y con políticos retirados de diversos niveles de la administración pública.

Cuestionados personajes, como el exmagistrado de la Corte Camilo Tarquino, investigado por el presunto delito de soborno; Carlos Núñez de León, involucrado en el controvertido contrato de Odebrecht y vinculado en actividades profesionales con el detenido exfiscal anticorrupción Gustavo Moreno, y Daniel Cuello Baute, hermano del congresista Alfredo Cuello, en el ojo del huracán por las mismas irregularidades de la multinacional brasilera, hacían equipo, junto con otros políticos igualmente conservadores, en la nómina de la Aerocivil, absorbida de tiempo atrás por una colectividad que nunca gana elecciones, pero siempre tiene entre dientes buena tajada de la burocracia, aupada por el criterio clientelista de los gobernantes de turno.

Pero el caso Bocanegra no es un fenómeno nuevo para una entidad que debe ser estrictamente técnica. Desde que en 1960 se creó el Departamento Administrativo de la Aeronáutica Civil, la clase política —prioritariamente la conservadora— ha invernado en ella, abriéndole profundos boquetes por donde se entroniza la corrupción. Es habitual huésped de los sótanos de mediciones relacionadas con méritos de desempeño, donde poco se comulga con los escalafones de meritocracia y transparencia, sus escándalos son recurrentes, y varios de sus directores han estado bajo la lupa de los organismos de control.

No obstante, el último director destituido, acusado de cohecho impropio, fue Álvaro Raad, del mismo partido, cuando en 1994 se abstuvo de asistir a una reunión de trabajo con el Banco Mundial en la que se discutirían los términos para la construcción de la polémica segunda pista de Eldorado. Esa noche el funcionario prefirió viajar a un homenaje político en su Cúcuta natal, acompañado del patriarca antioqueño Fabio Valencia Cossio y 40 amigos más, con pasajes de cortesía requeridos a una aerolínea local. El sucesor, Abel Enrique Jiménez, sufrió también la destitución de su secretario general, y dos años después lideró la primera generación de concesiones aeroportuarias, modelo deficientemente proyectado, que durante larga década benefició el bolsillo de contratistas particulares.

Son numerosos los procesos por ineficiencia y corrupción que surcan la historia de la Aerocivil, una entidad que ha contado en el último cuarto de siglo con una veintena de directores, en su mayoría salpicados por cuestionadas decisiones administrativas y cuyo voluminoso presupuesto se acerca este año al billón 250.000 millones de pesos. Los esfuerzos gubernamentales por profesionalizar la administración pública, entre tanto, vuelan bajo y están fuera del radar.

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@Gsilvar5

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