Por: Antonio Casale

Fuera del radar

El mercado de fichajes es un medidor del nivel de los futbolistas. Cada verano europeo, los equipos salen a la caza de los mejores del mundo. Pocos colombianos suenan esta vez.

Salvo un eventual paso de Lerma al fútbol inglés, podría ser al Portsmouth; los chismes sin fundamento de un posible regreso de James al Madrid y la búsqueda de algún club top para Mina, ninguno de los nuestros está en el sonajero de la élite.

Por supuesto que el Mundial pasado dejó una mejor imagen y eso ayudó a que James, Ospina y Cuadrado dieran el paso a la verdadera élite. Esta fiesta, aunque no estuvo mal, no mostró individualidades deslumbrantes. Pero no se le puede achacar todo a la Copa del Mundo que, entre otras cosas, no estuvo mal para los nuestros.

Lo cierto es que en equipos top del balompié hay pocos colombianos, son los mismos de los últimos años y no se ve quién pueda llegar pronto. James en el Bayern, Cuadrado en la Juventus y, como novedad, por ahora, Mina en el Barcelona, aunque con pocas opciones de jugar.

Revisar qué está pasando en la fábrica es menester. Se van muchos pelaos antes de los 20 años a Europa y al poco tiempo están de regreso porque no se adaptan o simplemente no cumplen con las expectativas. En el fútbol moderno no solamente es importante patear bien el balón. El idioma, la preparación física que es consecuencia de la nutricional y la capacidad para saber sufrir ante un cambio de tal magnitud a temprana edad son factores que, según la evidencia, no se están trabajando como se debería.

El problema es que estos pelaos, cuando vuelven, difícilmente retoman el nivel que se les conoció antes de irse. Se terminan perdiendo. Por encima recuerdo nombres como Michael Ortega o Manga Escobar, para citar un par nada más. Mire no más lo que le ha costado a Juanfer Quintero retomar el nivel que le conocimos en categorías juveniles.

A veces se los llevan siendo más niños a Argentina y tienen tiempo de formarlos mejor. Es el caso de James, Falcao o el arquero Arboleda, de buen presente en Banfield. En ‘el taladro’ y en algunos otros clubes tienen que estudiar, los enseñan a comer bien y a prepararse mentalmente tanto para el éxito como para el fracaso.

A veces creemos que contamos con jugadores como para ser campeones del mundo, pero la realidad demuestra que no es así y no propiamente por falta de capacidades. El talento en Colombia es silvestre, pero los demás actores de la estructura del fútbol tendrán que hacer algo más que pensar en llenarse las manos de dinero, invirtiendo poco.

Al paso que vamos el recambio en la selección de mayores va a ser tortuoso. Es deber de todos los colombianos velar y exigir que se hagan las cosas como debe ser. Por ahora, los nuestros se están quedando fuera del radar de la élite.

 

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