Por: Iván Mejía Álvarez

Fuera segundos

Europa ya se puso en marcha con la partida de la Liga de las Estrellas, la liga española. Es una forma de plantearlo. La otra, la real, es que arrancó la carrera frenética entre Barcelona y Real Madrid por el título. Y por la Copa del Rey y la Champions, de todo lo que se juegue, se mueva o se camine.

El Barça es dueño de todos los títulos de la última temporada, mientras que el Real es el mejor equipo del siglo pasado y el más grande en la historia española. Entre Real y Barça hay mucho más en juego que unas copas, es toda una declaración de principios morales y políticos. Los campeonatos del Barcelona afectaron profundamente la identidad merengue, lo obligaron a replantearse el modelo de conducción y optó por volver a quien entregó durante los últimos años los pocos títulos que han llegado a sus vitrinas. Real Madrid volvió a echar mano de la chequera, de la gruesa capacidad adquisitiva de su ‘midas’ Florentino Pérez, y gastó 250 millones de euros —toda la plata que usted pueda imaginar en su calculadora, demasiados ceros traducidos a pesos colombianos— para armar una superplantilla que pueda destronar la máquina perfecta del Barça. Cristiano Ronaldo, el fichaje más costoso de la historia; Kaká, Arbeloa, Xavi Alonso y Benzema llegaron para cambiarle la cara a un equipo que se niega a ser segundo y sabe que el golpe de talonario es la formula más fácil para ganar en el fútbol de altísima competición. Es el retorno de ‘los galácticos’, lo que no garantiza el éxito pero sí lo acerca.

Real Madrid es una superplantilla intentando montar un superequipo. Por ahora, pasada la etapa del diseño de la nómina, están en la segunda fase, la construcción de un gran equipo. Algo que debe ser absolutamente viable dada la notable calidad de los jugadores.

Barcelona es un gran equipo, ya está montado, ya sabe a qué atenerse en todas las circunstancias del juego. El Barça no está en diseño, ya tiene un estilo, una estética, una personalidad que no va a cambiar para esta temporada, donde repetir el triplete será demasiado difícil pero es una meta a alcanzar. Barça no optó por la chequera para seguir siendo el rey dominante. Sigue creyendo en la fuerza de su cantera, de sus bases, y el único gran movimiento fue cambio de figurita por figurita: Ibrahimovic por Eto’o, en una decisión que tiene contradictores y que no garantiza el éxito.

Para quienes amamos el fútbol, la lucha entre el Madrid y el Barça, jornada a jornada, partido a partido, copa tras copa, será un emocionante mano a mano que nos cautivará durante toda la temporada. Como dicen en el boxeo, ‘fuera segundos’, arrancó la Liga de las Estrellas, que es cosa de dos.

 

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