Por: Columnista invitado

Fuerzas militares y posconflicto

Por estos días se han alzado diversas voces, incluidas las de voceros de las Farc, que insisten en la reducción y el aislamiento de las Fuerzas Militares de la sociedad una vez se alcance la firma de un acuerdo en La Habana.

En cualquier escenario, el Estado y el pueblo colombiano seguirán requiriendo del esfuerzo y concurso de las Fuerzas Militares, no sólo para la defensa del territorio, sino para el desarrollo, la salvaguarda de la democracia y la protección de los derechos.

En lo que se refiere a seguridad, las Farc no son la única amenaza violenta. En el país existen bandas criminales, delincuencia organizada, narcotraficantes de todos los pelambres y organizaciones dedicadas a la minería criminal, sin contar las disidencias que puedan surgir después de un acuerdo. Estos actores podrían, en aquellos territorios de difícil control estatal y en razón de los cuantiosos recursos que la ilegalidad genera, convertirse en un serio riesgo para el proceso y para participantes de los acuerdos de paz.

Por ello es fundamental que el país, la sociedad y la clase política permitan a las instituciones que enfrentaron el conflicto armado enfrentar igualmente los desafíos de la transición o el posconflicto.

Las Fuerzas Militares cuentan con recursos humanos y técnicos, capacidades logísticas, de movilización y presencia en áreas críticas que les permitirán jugar un papel de gran importancia en labores asociadas con reconstrucción y rehabilitación del país. Estas actividades pueden facilitar el desarrollo socioeconómico, generando nuevas oportunidades para la población civil y los excombatientes, especialmente en zonas rurales, de tal forma que se desincentive el retorno a la violencia.

Los ingenieros militares, por ejemplo, serían pieza clave en la reconstrucción de la infraestructura afectada por el conflicto, participando en la construcción de vías secundarias y terciarias en zonas alejadas a donde, por su difícil acceso y por problemas de seguridad, las empresas civiles no puedan llegar.

Además, por su formación y experiencia en temas de construcción de aeropistas, acueductos, perforación de pozos profundos y gestión de riesgos para la atención y prevención de desastres, pueden hacer grandes aportes al desarrollo y a la solución de eventuales problemas que enfrente el país.

No es posible el desarrollo rural integral si el territorio está minado. Para enfrentar tal desafío, los ingenieros militares cuentan en el momento con no menos de 10.000 hombres, de todos los grados, que trabajan en desminado.

A la fecha se han despejado de minas más de dos millones de metros cuadrados, se han retirado 4.326 minas antipersonas y 518 municiones sin explotar han sido destruidas. No se han presentado accidentes en el cumplimiento de estas riesgosas misiones.

Gracias al trabajo de los ingenieros militares en asocio con las comunidades se han declarado cuatro municipios de Colombia libres de contaminación de minas antipersonas: San Carlos y San Francisco (Antioquia), El Dorado (Meta) y Zambrano (Bolívar).

Las Fuerzas Militares pueden fortalecer estas labores humanitarias si se consolida un proceso participativo con las comunidades afectadas y los desmovilizados. Ese sería un aporte significativo a la reconciliación.

Frente a aquellas vocesque insisten en ver a las Fuerzas Militares como la “piedra en el zapato” en el proceso de conversaciones, se evidencia que la institución cumple un mandato constitucional y una línea de conducción de la guerra trazada por su comandante en jefe y que han sido y serán respetuosas de las decisiones de Estado.

Por ello el Gobierno Nacional, en cabeza del presidente, ha sido claro en la importancia que revisten las Fuerzas Armadas en el posconflicto, pues sería impensable proscribir a un sector que por años no sólo ha cumplido con su misión constitucional sino que además ha puesto miles de muertos, heridos y un gran número de familias víctimas de las acciones de los grupos armados ilegales.

Las Fuerzas Militares serán garantes de ese proceso de construcción de paz, que más tarde que temprano debe iniciarse, en el cual participará toda la sociedad, sin exclusiones y en aras de transitar por caminos de reconciliación, justicia y equidad.

 

*Asesor del general Jorge Enrique Mora Rangel.

Buscar columnista

Últimas Columnas de Columnista invitado

Nuevos callejeros