Por: Fernando Araújo Vélez

Fuimos héroes

Le inculcaron hasta la saciedad que sólo llegaría a ser hombre si era macho, como si ser hombre fuera un título más que algún día él colgaría de una pared si aprobaba los exámenes correspondientes, determinados por sus padres, por los mayores, la tradición y la sociedad, y basados en los mandamientos jamás escritos de la hombría:

 1. Te impondrás sobre los demás a fuerza de puñetazos y violencia, nunca mediante el diálogo. 2. Beberás litros de licor desde los 11 o 12 años, pues la admiración de los hombres, y de las muchachas, aumenta según los grados de alcohol que tengas en el cuerpo. 3. Portarás un arma que exhibirás de cuando en cuando para que todos sepan que la tienes. 4. Conquistarás al mayor número de mujeres y te dejarás ver con ellas, pero nunca demostrarás un mínimo de sensibilidad. 5. Ganarás siempre en el fútbol, el tenis o las cartas, y tu principio fundamental será “el mundo es de los vivos”. 6. Manejarás a mil por hora, ojalá una camioneta, e infringirás todas las normas de tránsito.

Ese fue su credo hasta que llegó a los 25 y se encontró en un libro perdido, Forensis, datos para la vida, con unas líneas que lo destrozaron, porque como me lo confesó una noche, él era de aquellos “héroes”. El texto decía: “Nunca pensamos que llegaríamos tan lejos. Le estábamos haciendo un favor. No llegaría a nada en la vida si no era por nosotros. Cada puñetazo era una lección, cuando se agachaba e intentaba protegerse de nosotros, le insultábamos y nos reíamos de sus fracasos. Y sí, en aquel último día, mientras corría y se caía, nos hacía un poco más mayores y más fuertes. Honorables. Y éramos grandes, poderosos, éramos los héroes del mundo. Nosotros éramos hombres. Eso fue hasta el día siguiente, cuando sacaron su pequeño cuerpo frío y azul del canal”.

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