Por: Luis Carvajal Basto

Fujimori: en la cárcel de Abimael

¿Son incompatibles Democracia y autoridad?

La del profesor Fujimori era una condena esperada. No solo por sus contradictores, lo cual es apenas natural, sino por los demócratas del mundo que vemos en este caso un ejemplo para mostrar contra la corrupción.

“Goberné desde el infierno”, dijo Fujimori. Y no le falta razón. Tenemos en  América Latina Instituciones débiles, pobreza, escasa cultura de trabajo, y muchos esperan aún que sus problemas los resuelva una lotería o un redentor. O lo que es lo mismo, que el Estado les dé lo que no consiguen trabajando.

Pues Fujimori  se convirtió en ese “mesías” por más de diez años. Hasta que la corrupción probada de su gobierno pudo más que su credibilidad de profesor incontaminado con la “Política tradicional”, de partidos como el APRA que, en su momento, tampoco lograron sacar de pobres a los peruanos a punta de Ideologías.

Quiere decir el caso del Ex Presidente que el uso de la autoridad es incompatible con la democracia? Eso deben pensar quienes consideran que el Estado es un invento incongruente con el ejercicio y disfrute de la Libertad, vale decir, los anarquistas. Los demás, quienes entendemos al Estado como un resultado natural de la evolución del Hombre, preferimos entender que se trata de uno de los casos de corrupción  que el sistema democrático no ha podido solucionar.

El fracaso de Fujimori es el de la corrupción y el abuso de autoridad y no el del régimen político, que entre otras cosas pudo superarlo y ponerlo en la cárcel. Se ratifica la máxima según la cual, salvo por las demás, la democracia es la peor forma de gobierno.
Casos como este, por el contrario, ratifican que el Estado resulta indispensable para reglar las actividades de los Hombres, ejercer la razón de las colectividades y el uso legítimo de la fuerza. No hemos encontrado una norma mejor que la de mayorías, la soberanía del pueblo, aunque se “equivoque” con más frecuencia de la que debería, sobre todo juzgado desde el “futuro”.

El ejercicio del gobierno y la política son lo que son y no lo que deberían. A menos que las ideologías se metan en la mente de los votantes llevándolos a actuar de acuerdo “con lo que creen”, convirtiéndose en un insumo más de utilidad para algún proyecto político. Eso pasó con quienes, en su momento, vieron en Fujimori a su salvador.

Pero desvarían quienes consideran que el uso de la autoridad para defender los derechos y las Libertades son inconvenientes por cuenta de los Fujimori. Los ciudadanos del común, después de miles de años, contamos con un Estado que nos protege de asesinos y barbaros, de estafadores a lo Madoff o DMG, el mismo Estado que no descarta la persuasión ni los consejos, pero tampoco el ejercicio de la autoridad.

Luego de Fujimori, nuestro querido Perú tuvo como Presidente otro profesor, un “cholo” educado  en Harvard que alguna vez fue lustrabotas, Alejandro Toledo, y ahora, otra vez, un Gran colombiano, político experto  con un discurso renovado, el Presidente García. Los dos, después de mucho, coinciden en que en asuntos de gobierno no vale creer en mesías y en que para progresar debemos educarnos y trabajar.

Mientras tanto,  Fujimori como su contradictor Abimael Guzmán, quien también se sintió predestinado y por ello con derecho a asesinar y secuestrar, comparten la misma prisión. La democracia sigue reinando y un valsecito peruano invita a soñar y a progresar en Libertad.

 

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