Por: Antonio Casale

Fútbol de Segunda

Aprovechando que por estos días se está revisando la realidad del fútbol colombiano con la intención de sacarlo del hoyo, es bueno echar un vistazo a lo que pasa en la B, categoría, ¿profesional?

Con los dineros recaudados por concepto del nuevo patrocinio se mitigaron buena parte de las deudas, pero como era de esperarse, el problema no se terminó ahí, simplemente se apagó un incendio.

Sin respetar los requisitos exigidos por la ley del deporte muchos clubes van como los circos pobres, de ciudad en ciudad, esperando lucrarse de las gobernaciones, alcaldías y demás entidades que manejen recursos públicos. Por ejemplo, la ficha de propiedad de Nelson Soto (la ley del deporte no permite que existan clubes deportivos de propiedad de una sola persona) en tres años ha pasado por Girardot, Palmira y ahora va en Buenaventura y si usted revisa la página de la Dimayor, aparece que este equipo se llama Corporación Deportiva y Social Deportes Palmira Fútbol Club, cuyo domicilio legal está aún en Girardot pero actúa en Buenaventura. Casos parecidos, el de Atlético La Sabana y Depor Aguablanca.

En esta categoría hay equipos que ni siquiera tienen ropa para su entrenamiento diario y son los jugadores quienes tienen que rebuscarse para llevar una indumentaria que les permita realizar su labor diaria (Rionegro, Pacífico). El 70% de los equipos de la B pagan a sus jugadores sueldos de $515.000 y algunos de estos ni siquiera pagan la seguridad social de sus trabajadores (Rionegro, Alianza, Juventud).

A las dificultades diarias que tienen que soportar la mayoría de los jugadores se le suman los largos trayectos a los que deben someterse para cumplir con el calendario del torneo Postobón. Sólo cuatro equipos de los 18 viajan en avión (Pasto, Bucaramanga, Unión y Barranquilla), los demás salvo esporádicas excepciones tienen que trasladarse en buses que en muchos casos no cuentan con las condiciones mínimas de seguridad y comodidad para la realización de semejantes trayectos. Los viajes en casi todas las ocasiones son de mínimo ocho horas, llegando a veces hasta 30 horas de camino cuando el viaje se hace desde la Costa hasta Pasto o Buenaventura.

A pesar del aporte del patrocinador, Atlético La Sabana, Alianza Petrolera, Juventud Soacha, Rionegro, Bucaramanga y Centauros presentan deudas con sus empleados, bien sea por salarios o por atrasos en la seguridad social.

Se supone que en la B se forjan los nuevos talentos y gracias a ella se le lleva fútbol profesional a toda la geografía nacional. Después de ver la anterior radiografía podemos concluir que nuestro fútbol de ascenso es más un reality de supervivencia para quienes sueñan con vivir mejor a través del deporte.

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