Por: Columnista invitado

Fútbol: re(li)gión y po(líti)ca

“Qué raro que nunca se le haya echado en cara a Inglaterra haber llenado el mundo de juegos estúpidos, deportes puramente físicos como el fútbol. El fútbol es uno de los mayores crímenes de Inglaterra”, Jorge Luis Borges. /

Existen tantas definiciones sobre el fútbol como seres humanos hay en este planeta. Y tantas discusiones similares como las que se presentan con la religión y la política. Esta terna de nociones, después de tantos siglos de uso, abuso y desuso, sigue en las conversaciones diarias entre intelectuales, académicos, barrenderos, secretarias, tenderos, recicladores y oficiales de la construcción. Pero también aparecen los aportes de periodistas, vaticanistas, chavistas, uribistas, santistas y artistas. ¿Lo común? La postura: unos defienden, de manera acérrima; otros, en cambio, atacan de manera acérrima. La diferencia está, entonces, en decidir en qué parte de la tensión se encuentra quien ataca o defiende. Aunque también aparecen los que ya decidieron que de estos temas es mejor no hablar. Estoy de acuerdo, pero como la escritura salva de esas discusiones, me queda citar varias de las múltiples definiciones que deambulan entre libros, muros, carteleras, entrevistas, conversaciones y lápidas. De religión y política que vengan otras voces. No voy a citar el nombre de los autores porque unas veces aparecen registrados y otras no, es decir, la autoría, como dice Foucault, debe cuestionarse porque no leemos a los autores en las facturas de la lavandería, que es donde ellos escribieron antes de sus publicaciones. Más bien, se trata de voces que circulan y de las que nos apropiamos para conversar con quienes compartimos una cerveza después de los partidos de la “recocha”. Los detractores de ese fenómeno popular sostienen que el fútbol es anestesia colectiva, frenesí popular, barbitúrico social, neurosis de la cultura y un ejercicio para aberrados idiotas. Otros, con un tono más sociológico y psicológico argumentan que el fútbol es una manifestación inconsciente de la libido colectiva o desahogo de los instintos feroces de la especie. Los amigos del fútbol rezan, cuentan y escriben epígrafes que dicen que el fútbol es el reino de la lealtad humana ejercida al aire libre o, mejor, la música de los domingos. Los de más allá gritan que el fútbol es una pasión que no envejece porque es la dinámica de lo impensado y funciona como ajedrez porque allí, las reinas y los alfiles, las torres y los caballos, pueden hacernos regresar a una olvidada Edad Media, pero lo único que cuenta es la muerte del rey, el mate. Y el mate, en el fútbol, es el gol. Otra voz muy cercana sostiene que el fútbol es la única religión que no tiene ateos.

Si me permiten, después de oír esas voces, quisiera invitarlos para que escudriñen más definiciones sobre fútbol. Para mí, el fútbol es el silencio (sigé) que produce la iniciación en los misterios de la existencia (mystagogía). El fútbol es un ritual de iniciación que nace en la casa entre materas, palos de escoba, balones de trapos y regaños maternales. Allí todavía no hay orsai.

 

 

**Juan Carlos Rodas Montoya

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Columnista invitado

Remar para el mismo lado

El hambre no importa

Dosis de aprovisionamiento

Estancamiento secular revisitado