Por: Mario Fernando Prado

Fútbol y política

Menos mal llegó el Mundial de Fútbol porque si no estaríamos enloquecidos.

La batalla política que ha vivido nuestro país en los últimos meses sobrepasó los límites de la cordura, las buenas maneras y el poquitín de civilización que hemos podido atesorar en medio de nuestro subdesarrollo.

Ambos bandos llegaron a extremos insospechados y lo que hemos venido presenciando es una guerra de insultos, de falsos positivos, de acusaciones malalechudas. Los medios se parcializaron perdiendo su objetividad. Las redes sociales se plagaron de mensajes llenos de vituperios. Los montajes fotográficos reemplazaron las caricaturas. Se exacerbaron los ánimos y quienes queremos la paz nos dedicamos a hacernos la guerra en una incongruencia inentendible.

Han quedado heridas difíciles de restañar y un clima de odio político se percibe en el ambiente que ojalá no pase a mayores. La indiferencia —léase abstención— ha sido la respuesta de la mayoría de colombianos que no quieren saber nada de estos comicios y han optado por un importaculismo igual de peligroso. Ya ni el voto en blanco recoge tal desazón.

Ojalá entonces el bálsamo del Mundial logre hacer una catarsis en estos últimos tres días que faltan para que elijamos al nuevo mandatario de nuestro país. Creo que la suerte está echada y cada quien ya tomó su decisión de por quién votar, o votar en blanco o, lo peor, abstenerse.

El proselitismo se salió de madre y es necesario que se aplaquen las controversias que se convierten en batallas campales. Menos mal se suspendieron los tristemente célebres debates, en los que la mutua sacada de trapos al sol dejó a los candidatos muy mal parados en unos espectáculos en los que sólo faltaron los guantes de boxeo.

Es de esperar que el ganador, inmediatamente conozca su triunfo, llame a su adversario y convoque a una reconciliación nacional que logre apaciguar los ánimos y consiga que todos los colombianos entendamos que por encima de los partidismos está algo más importante como es la convivencia.
De lo contrario, y pese el fútbol, podríamos caer en una guerra civil de insospechadas consecuencias. Yo por mi parte, pido perdón por haberle echado leña a la hoguera y espero que mis otros colegas columnistas hagan lo propio.

 

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