Por: José Roberto Acosta

Ganadores y perdedores del 2018

Ganó el uribismo las elecciones presidenciales, pero perdió una vez empezó a ejercer el poder al traicionar sus promesas y al recibir un país que incendiaron con mentiras y frentes de odio y polarización.

Ganaron los estudiantes, que mediante la protesta pacífica y ordenada doblegaron al nuevo Gobierno, a pesar del matoneo mediático y el desprecio de los partidarios del uribismo.

Ganó el Consejo Gremial que, con la reforma tributaria, logró descuentos para sus afiliados por más de $10 billones anuales, pero perdió el presupuesto público, generando dudas sobre la credibilidad de la regla fiscal y poniendo en riesgo el grado de inversión del país en los mercados internacionales de deuda.

Ganó el periodismo independiente que, con pruebas contundentes y pedagogía, presentó actos de corrupción de funcionarios como Néstor H. Martínez en la Fiscalía y Alberto Carrasquilla en el Ministerio de Hacienda, mientras perdió ese periodismo que gana más por lo que calla que por lo que dice.

Ganó el nuevo Gobierno al lograr mayorías en el Congreso, pero perdió credibilidad al comprar esos apoyos de partidos como el de la U y el Conservador, mediante la práctica de repartir mermelada tóxica y politiquera mediante burocracia y presupuesto público, ante la falta de argumentos y dirección programática.

Ganó el proteccionismo defensivo de Trump y China que, en medio de una guerra comercial y prácticas de descuentos en impuestos, entregan unos mercados accionarios con sustanciales pérdidas y un futuro crecimiento económico mundial que bordea la recesión, empujando a la baja el precio del petróleo a cifras inferiores de las que Colombia tiene presupuestadas para sus rentas petroleras.

Ganaron tiempo y dinero los socios de EPS como Medimás y Coomeva que, aunque Contraloría, Procuraduría, Superintendencia de Sociedades y de Salud les han probado graves incumplimientos financieros y de servicios a usuarios, siguen usufructuando billonarios recursos públicos de la salud en contratos y gastos irregulares. Pierden los usuarios y muchos hospitales y clínicas.

Perdió la infraestructura, no solo por la corrupción de Odebrecht y Aval, sino por sus consecuencias sobre las obras públicas, como el trágico desplome del puente de Chirajara y los problemas de Hidroituango.

Gana la esperanza de que vengan cambios de verdad, mientras que los que manosean el poder siguen perdiendo credibilidad y gobernabilidad. Feliz Navidad.

@jrobertoacosta1;[email protected]

 

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