Por: Yolanda Ruiz

Ganan por goleada las futbolistas

El partido ha sido disparejo porque las jugadoras se enfrentan en inferioridad de condiciones y han sido víctimas de juego sucio. Aun así, han mostrado su talante y su capacidad en la cancha. Se ganaron al público que las animó cuando se creía perdido el encuentro. Sudaron la camiseta, mostraron de qué están hechas y al final, en el tiempo de reposición, lograron el sí a la Liga Profesional Femenina para el segundo semestre a pesar de que los directivos del fútbol ya pedían el pitazo final.

El debate generado en torno a la Liga Profesional Femenina de fútbol nos puso sobre la mesa nuevamente los ecos de un machismo persistente, terco, duro de matar. Un machismo que tenemos incrustado en el ADN de la sociedad y que se mimetiza tan bien que muchos hasta dicen que no existe. Por eso es tan valioso que las mujeres se hagan escuchar, denuncien, protesten, se quejen. En esta batalla por la equidad, ninguna conquista se ha regalado. Cada avance es fruto del esfuerzo de mujeres valientes.

Por estos días, en medio de muchos mensajes amables por defender la bandera de las futbolistas, otros me han llamado feminazi, ignorante, imbécil, por decir que detrás de los argumentos que se dieron para poner en riesgo la Liga Femenina había una dosis grande de machismo. Todavía a muchos les parece contra natura ver a las mujeres en una cancha de fútbol. “Se nos metieron en el área”, piensan algunos de esos dirigentes “jurásicos”, como bien los llamó el colega Antonio Casale. Es que no han llegado al siglo XXI y se sienten amenazados por las gambetas y los goles de unas deportistas que han demostrado que el fútbol también es cosa de mujeres. Han traído títulos, juegan en ligas internacionales, brillan y ahora decidieron hablar y denunciar. Y ahí sí se sintieron los señores en fuera de lugar porque descubrieron que en ese terreno, cuando las mujeres hablan, les toca escuchar desde la banca.

Dijeron, para justificar el fin o aplazamiento de la Liga Femenina, que no era buen negocio ni tuvo rentabilidad y que los hinchas no van a los estadios. Puede ser, pero, para cada argumento, escuché respuestas claras de las futbolistas: plata sí hay y mucha, patrocinadores dispuestos a apoyar el fútbol también, varios clubes con ganas de seguir en la Liga y seguramente por ahí más de un empresario con sentido social que puede entender la oportunidad de oro que tiene por delante al respaldar el fútbol femenino. Sobre la hinchada dijeron las deportistas que se trata de promoción, mercadeo y tiempo para generar los hábitos entre los seguidores.

Un comentario recurrente es que no están preparadas y que es mejor esperar. Es obvio que los hombres lleven la delantera. ¡Si es que tienen décadas jugando solos! La salida entonces no es esperar sino avanzar, entrenar más, acumular kilometraje en la cancha, para sembrar semillas de futuras campeonas y sobre todo para que avancemos en equidad. No es de fútbol el partido. La contienda es entre el machismo y la igualdad. Las apuestas venían favorables para el que ha jugado de local, hace y deshace en su cancha mientras pone zancadillas, pero las visitantes llegaron con toda y lograron reversar el marcador.

Declaro bajo la gravedad del juramento que no sé nada de fútbol, porque así facilito la tarea a quienes me van a insultar por atreverme a hablar de la religión sagrada de la pelota. No sé de fútbol, pero no hace falta para saber cuándo respiran por la herida unos machos acostumbrados a pordebajear a las mujeres cuando las ven haciendo jugadas en su terreno. Ganan y de lejos las superpoderosas. Aplauso para ellas.

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2019-03-14T00:00:56-05:00

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2019-03-14T00:15:01-05:00

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