Por: Aura Lucía Mera

Ganó Colombia

Recuerdo lo que le dio el triunfo a Belisario Betancur. La frase, que corría de boca en boca, “Sí se puede”. Acabamos de demostrar, con los resultados del domingo, que la unión de diversas corrientes políticas, de pensamientos diversos en torno a un solo propósito —el de seguir avanzando en los diálogos de paz y construir paso a paso un país más digno para todos—, es posible.

Respeto a los opositores, seguidores de Zuluaga y Ramírez. Respeto sus puntos de vista y sus anhelos. En una democracia, el derecho a discernir es lo que nos diferencia de las dictaduras y los regímenes extremos. Sean de derecha o izquierda. La opción que apoyaron fue la que consideraban mejor. No existen “buenos” ni “malos”. Simplemente no tuvieron la mayoría necesaria. Y de eso se trata la contienda política. Punto.

Ganó Colombia. Ese anhelo de más de medio siglo de concertar la paz. De no seguir viendo sangre, ríos de sangre campesina, civiles, soldados, guerrilleros o paramilitares. Campesinos. El 99 por ciento de la sangre que ha teñido de rojo nuestra extensa geografía ha sido de ellos. Campesinos han sido los desplazados. Campesinos han sido los huérfanos. Campesinos han sido los que han sufrido todo el rigor y el horror de esta contienda demencial.

Ellos son los ganadores. Por primera vez en su horizonte rojo brilla una luz de esperanza. El sol para ellos empieza a alumbrar. La turbulencia de sus vidas diarias entre selvas y rastrojos, en el rebusque en ciudades ajenas y hostiles, en las noches de terror durmiendo envueltos en colchones para protegerse de algún ataque matrero irá, poco a poco, transformándose en una existencia digna.

Y este es el compromiso de todos. El único enemigo que existe somos nosotros mismos. Nuestro ego. Nuestra ambición. Nuestros resentimientos. Nuestros temores y nuestro rencor. El enemigo lo tenemos cada uno dentro. El enemigo nunca está fuera. Si sabemos tender una mano, mirar de frente, archivar nuestros deseos personales para poder salir de nosotros mismos y poner uno a uno nuestro grano de arena, lograremos que Colombia inicie esta nueva era.

Esta nueva era no es la era santista. Es o será el resultado de la actitud de cada uno de nosotros, sin importar edad, condición socioeconómica, chequera, estatus o estratos. Todos somos responsables de detener la sangre, la inequidad, el sacrificio de soldados inocentes, de guerrilleros reclutados a la fuerza, de muchachos adolescentes metidos en el monte para poder sobrevivir.

Aquí no existen vencedores ni vencidos. Cada persona votó libremente. Se llegó el momento de darse la mano y emprender todos esa obligación única que tenemos y que es la más importante de nuestras vidas: la de ayudar a construir la paz.

Sugiero entrar en www.reconciliacioncolombia.com. Unámonos en este empeño. No existe marcha atrás.

P.D. Al senador Uribe le recomiendo un chequeo psiquiátrico o que empaque sus maletas y se vaya a vivir donde quiera, pero que nos deje en paz. No queremos más ser el recipiente de sus odios, arengas, ni trinos ofensivos.

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