Por: Alvaro Forero Tascón

Ganó el populismo

Una interpretación posible de la primera vuelta presidencial es que avanzaron dos expresiones populistas que se retroalimentaron para derrotar al clientelismo y al centro político. Las elecciones de 2018 serían aquellas en las que el populismo hizo metástasis, extendiéndose a la izquierda.

El populismo de derecha, basado en confrontar a la élite política clientelista “débil” frente a la guerrilla, y al enemigo interno, las Farc, y al externo, Hugo Chávez, derrotó al bipartidismo en 2002 y en 2012 avanzó hacia un partido caudillista. Con su oposición feroz contra el proceso de paz generó altos niveles de indignación, consiguiendo desprestigiar las instituciones y marcar la elección de 2018 con la dinámica del cambio. Al legitimar las formas populistas “emberracando” a buena parte de la población, le abrió camino al populismo de izquierda, basado en confrontar las élites políticas y económicas. Con ello reemplazó al enemigo interno Farc con la figura del “castrochavismo”, y viene mutando, con la ayuda de un candidato moderado y moderno, hacía el antipopulismo, para convertirse en el partido del establecimiento bajo el cual se agrupa toda la clase política clientelista.

El populismo ha dominado la vida política colombiana durante casi 20 años. Con estas elecciones surgen dos preguntas. Una, si con la evolución del uribismo hacia un partido hegemónico se reducirá su dependencia en el populismo. La otra, si, por el contrario, Colombia entró en una fase de populismo de izquierda que dominará la política otras dos décadas.

Aún si pierde la elección de segunda vuelta, Gustavo Petro habrá cambiado profundamente la política colombiana al haberle dado por primera vez a la izquierda un discurso antisistema viable electoralmente, y muy posiblemente será un jefe de la oposición tan influyente y disociador como Álvaro Uribe. La polarización política se agudizaría en el próximo cuatrenio, pero ya no de la mano del populismo de derecha, sino del de izquierda. La diferencia es que la derecha no atacaba el modelo económico ni a la élite empresarial.

Si Petro sometiera a Iván Duque a una oposición tan feroz e irresponsable contra las instituciones como fue la del uribismo contra Juan Manuel Santos, muy seguramente las consecuencias serán las mismas en materia de favorabilidad presidencial y pesimismo por la indignación de la opinión pública. La pregunta es cómo reaccionaría el uribismo. El miedo al “petrochavismo” le ha servido en estas elecciones, pero tendrá menos utilidad para acallar la oposición. El uribismo podría intentar combinar las formas de lucha, manteniendo un estilo tecnocrático en el gobierno y uno populista en el partido en el Congreso. El tema que podría servirle para generar pasión política podría ser el de Venezuela, con la ventaja de que ofrecería tanto un enemigo externo —el gobierno Maduro— como uno interno —la inmigración venezolana—, asimilando así el rechazo al inmigrante que alimenta al populismo de derecha en todo el mundo.

La pregunta es si, así como el populismo de izquierda está siendo explotado electoralmente por la derecha, en cuatro años con su discurso antisistema normalizado en la agenda pública, Gustavo Petro consiga que las elecciones no sean un referendo sobre él, sino sobre Uribe y su coalición.

 

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