Por: Mario Morales

Garantes, bomberos, alfiles...

La prueba de que las conversaciones de paz sí han avanzado en La Habana es la necesidad de garantes de que lo que está siendo acordado sea viable y real.

A eso fueron los congresistas a Cuba y con eso regresaron al país. Sin respaldo de Senado y Cámara, esa reforma agraria que trabajan desde noviembre no dejaba de ser una utopía. A todos, menos a la guerrilla, urge que, como pide el presidente del Senado, Roy Barreras, haya humo blanco “entre marzo y julio”. Claro, por razones electorales, pero también por calendario legislativo. Sin tener segura la reelección presidencial, si la agenda de acuerdos no corre por el Congreso en el segundo semestre, muy difícilmente tendrá trámite el próximo año.

Pero también viajaron como bomberos a apagar el incendio de los voceros de la insurgencia levantados de la mesa, ofendidos por los señalamientos del presidente de haber despojado a sus dueños de medio millón de hectáreas. Normal que con ese “contentamiento” hayan aparecido risas, a pesar de que los incrédulos del proceso sigan esperando que aparezca el tonito tuitero de Uribe o el del mindefensa en ruedas de prensa.

Pero, hábilmente, Santos también invistió de alfiles a los congresistas viajeros, justo cuando el Gobierno está a la caza de propagandistas piloto que den la pelea y resuelvan la falta de oxígeno que se le siente al proceso por carencia de indicadores tangibles. ¿Será verdad que pidieron el apoyo del procurador y de otros recalcitrantes?

No se trata, y así lo ha entendido el Ejecutivo, de socializar el proceso, o de convencer a la opinión pública en este momento, ni de montar un canal de comunicación permanente, sino de tener margen de maniobra para superar ese dificilísimo primer punto de la agenda; luego del cual el resto del proceso, hasta la aspiración al Nobel de Paz, será fluido y menos complejo.

Para lograrlo, Santos no necesita encuestas sino escuderos multioficio. “La buena voluntad no basta”, como dice Roy.

 

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