Por: Hugo Sabogal

Garnacha, Priorato y Palacios

Álvaro Palacios asegura que el origen monástico del Priorato proporciona una garantía de calidad.

La situación casi extrema de suelos y clima de esta región confiere a los vinos rotundidad y mineralidad.

Cuando pensamos en España, no podemos evitar que impere en nuestro recuerdo la uva Tempranillo, cepa dominante en los vinos de la península ibérica. Está presente en 30 de las 70 denominaciones de origen, sin importar si su nombre varía de una provincia a otra. En la Rioja, se le llama Tinta del País; en Ribera del Duero, Tinto Fino; en la región de Toro, Tinta de Toro, y en Cataluña, Ull de Liebre.

Pero España, al igual que Francia e Italia, es pródiga en uvas vitiviníferas, tanto blancas como tintas. Entre las primeras están Albariño, Airén, Macabeo o Viura, Palomino, Pedro Jiménez, Verdejo, Xarel-lo y otras. Y entre las segundas sobresalen Bobal, Graciano, Bracellao, Ferrón, Loureiro, Tinta Barroca, Mencía, Monastrel y Cariñena.

Pero, sin duda, la variedad Garnacha, después de la Tempranillo, adquiere cada día mayor trascendencia, si bien proviene de orígenes más populares que nobles. Gracias a su alta productividad y a su gran resistencia a los contrastes climáticos, con ella se han elaborado históricamente aquellos vinos masivos que inundan España y otros mercados. Ha sido, por decirlo así, una uva de segunda clase.

Prima hermana de la Grenache francesa —reconocida por formar parte del famoso Châteauneuf-du-Pape—, la producción de Garnacha en España se concentra en el Norte y Este. Arroja vinos de acentuado color y una graduación alcohólica elevada. Algunos tintos jóvenes y rosados de Garnacha pueden llegar a tener hasta 15º y 16º de alcohol por volumen.

El primer paso para elevar la calidad de la Garnacha (y, de paso, cambiar su percepción) ha sido controlar su tendencia a producir grandes cantidades de fruta. Con una buena poda y raleo (eliminación de bayas para mejorar la concentración), las expresiones frutales (mora y grosella) aumentan de manera sensible, lo mismo que sus notas florales y especiadas. Otra manera de extraer sus virtudes es utilizar parras antiguas. Al final, se obtienen vinos con capacidad para sorprender.

Uno de los lugares en donde la Garnacha ha dominado con fuerza es en Cataluña, especialmente en la zona del Priorato, cerca de Tarragona. Su clima seco es de extremos: en el verano, los días son calurosos y las noches muy frescas. Sus inviernos también pueden ser fríos, alcanzando, con facilidad, temperaturas bajo cero. El suelo es de origen volcánico, con gran presencia de pizarra.

Todas estas condiciones favorecen la producción de uvas cargadas de excelentes nutrientes. ¿El resultado? Vinos oscuros, de realzada graduación alcohólica, densos, jugosos y de gran personalidad. Los productores de la zona han incorporado en sus mezclas, además de Garnacha, Cariñena, Cabernet Sauvignon, Merlot y Syrah. Así obtienen, además de expresividad, una gran longevidad, lo que ha permitido declarar al Priorato como una de las dos denominaciones de origen calificadas de España (la otra es la Rioja).

Al Priorato llegó, procedente de Alfaro (Rioja), un joven intrépido y lleno de ideas, llamado Álvaro Palacios, cuya familia ha sido dueña, por cuatro generaciones, de la muy riojana Bodegas Palacios Remondo. Por cuenta del interés de su padre, José, en el rico mundo del vino, Álvaro se formó en las mejores escuelas enológicas francesas.

Sediento de nuevas experiencias, emigró a Cataluña para establecerse en la población de Gratallops, en el Priorato. Lo atrajeron el sol mediterráneo, el clima contrastado, los suelos pizarrosos y la larga tradición vitivinícola del lugar. En el Priorato, por ejemplo, habitaron, durante seis siglos, los monjes cartujos. De alguna forma, Palacios ha querido atrapar todas estas esencias en la botella. Ha dicho que el origen monástico del Priorato “proporciona, sobre todo en los viñedos más clásicos y antiguos, una garantía de calidad, tipificación y espiritualidad semejante a las regiones de Europa más prestigiosas”. Y sobre el clima ha manifestado que “la situación casi extrema de suelos y clima confiere a los vinos modernos una rotundidad, riqueza y mineralidad deliciosa”.

Sobre su secreto de hacer vinos, Palacios dice que ha escogido zonas con viñedos antiguos porque están “llenos de carácter y permiten desarrollar un carácter genuino”.

Aunque las producciones de Álvaro Palacios son bajas, algunos de sus vinos más reconocidos se encuentran en Colombia por intermedio de la casa importadora Inverleoka (Zona K). Uno de ellos, L’Ermita, puede superar los $2,5 millones por botella. Los demás son más asequibles y oscilan entre $325.000 y $38.000.

 

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