Por: Santiago Gamboa

Garzón en la polémica

Ya me referí en otra parte al inicio de Garzón vive, pero quisiera volver dado el revuelo del que está siendo objeto, sobre todo por las críticas de los hermanos, que llegaron a interponer una demanda. Soy muy consciente de que, desde el punto de vista político, RCN no parecería ser el canal más adecuado para una serie como esta, con un personaje que, de estar vivo, habría apoyado el proceso de paz y estaría lejos del espectro uribista, que ha sido la tendencia de los informativos y del periodismo expresados en ese canal. Y supongo que, por eso, cualquier desacuerdo con el contenido de Garzón de inmediato se transforma en ironía o suspicacia política, como sugiriendo que RCN produjo semejante serie sólo con el ánimo de desbaratar a alguien cuyo corazón y entraña estaban más a la izquierda que al centro o la derecha.

Desconozco los motivos que llevaron a RCN a hacer la vida de un personaje así, en principio contrario a sus valores, pero la verdad es que, una vez en la pantalla, la obra y el trabajo de tantas personas merecen ser juzgados por sí mismos, por lo que es y no por el medio en que se presenta, entre otras cosas porque quienes participaron en ello, desde el director hasta los actores, no pueden ser culpados de lo que el canal hace o ha hecho en otros espacios. Y también por algo más de fondo: si lo analizamos desde un punto de vista político, revivir a Garzón en un momento como este, al inicio de una campaña presidencial en la que el tema de la paz es una de las claves, resulta ser un gesto tremendamente progresista, en contravía del uribismo y la derecha que parecía representar RCN. ¿Qué pasó entonces? ¿Un autogol?

No lo sé —y no lo creo—, pero la verdad es que tras los capítulos del Garzón niño, con escenas memorables, vemos a un Garzón adolescente que se adentra en el magma político del país a través del amor por su profesora, y lo que advertimos, ni más ni menos, es el nacimiento de una conciencia de izquierda, pero no para hacer de ella objeto de burla o menosprecio, sino todo lo contrario: como el camino necesario para llegar al entrañable personaje que, más adelante, toda Colombia adoró. Por eso muchos nos reconocemos en ese joven que lee por tercera vez Cien años de soledad, hipnotizado, y que hace subrayados en Las venas abiertas de América Latina, de Galeano. Es la formación de un joven de izquierda latinoamericano. Tanto que el antagonismo de la historia es entre las dos mujeres que el jovencito Garzón más amó: la profesora guerrillera, solar y brillante, que representa todo lo positivo, aunque prohibido, y la madre, defensora de un mundo oscuro, rezandero y caduco. ¿Podemos realmente decir, ante esto, que es un complot de RCN contra Garzón?

Comprendo la molestia de los hermanos al ver retratada a su familia y no reconocerse, pero creo imposible que en un caso así, con un antecedente tan triste, sea imaginable la plena conformidad. Las series o filmes que hablan de personajes, las haga quien las haga, chocan siempre con la familia. Y es normal y respetable, pero no hay que confundir la vida real con la representación de la vida que hacen los artistas, pues por ese camino, también, podríamos acabar expulsando a poetas, como el mismo Garzón, de la república.

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