Por: Lorenzo Madrigal

Garzón se fue pa' Cuba

¿En qué pasos anda ahora Angelino? Aunque Lorenzo casi ha estado en trance de declararse angelinista, habría que observarlo dos veces, pues anda por todas partes, diciendo y haciendo a sus anchas cuanto se le ocurre, desde el momento en que se zafó del cabestro al que quiso someterlo la administración Santos.

De veras, ¿en qué anda Angelino en Cuba? ¿Cómo es eso de decir que Fidel Castro ha sido un factor de paz en Colombia?, ¿es, acaso, su nuevo mejor amigo? Es fácil imaginar el regocijo de los hermanos Castro, dictadores de la isla de tiempo inmemorial, por tener cerca a un nuevo líder latinoamericano, que, a lo mejor, ingrese al combo del nuevo socialismo siglo veintiuno, más ahora cuando ya escasean, pues dos han enfermado lamentablemente de cáncer, el Pepe Mojica está muy mayor y Néstor Kirchner se fue a visitar a Perón y Evita y no ha regresado.

Como socialista, católico y no comunista se ha definido ante el Señor de los Milagros el singular vicepresidente colombiano, sindicalista por más señas y quien, por estar vivo, ha sido elemento de convencimiento para el Congreso estadounidense en orden a otorgarle el TLC al país.

Ahí íbamos cuando de repente aparecieron los elogios al dictador cubano, enfermero de Chávez, a su vez dictador de Venezuela. Es imposible que Angelino Garzón no esté al tanto de los muchos ‘encanados’ políticos que de tiempo atrás sufren encierro en la isla como presos de conciencia y de la enorme influencia que este régimen ha ejercido sobre el desorden público colombiano.

Cuba ha sido refugio de secuestradores, como lo fue de los asaltantes de la embajada dominicana en el año 80, para sólo mencionar uno de tantos casos de proximidad con los enemigos del Estado colombiano. Claro que en esta misma condición, Castro ha prestado servicios como resolver los más tristes episodios de capturados, suplicantes por la salvación de sus vidas. Correligionario de los captores, influye en ellos de manera positiva, valga la verdad.

Allá debió estar nuestro Angelino diciéndole mil veces Comandante al anciano Fidel, porque de qué otra manera podría llamarlo, como dice Salud Hernández (¿acaso: “mucho gusto, señor Sátrapa”?). Pero si este es asunto menor, lo que sí sorprende es el reconocimiento como pacificador, con que ahora se le bendice, así la edad lo haya vuelto tan respetable.

Que no olvide Angelino que el paramédico cubano, el que va a enterrar a todos sus colegas, es el eje del totalitarismo que se está imponiendo en el hemisferio (perpetuación en el poder, restricciones a la prensa, presos políticos) y que es deudor, nunca cancelado, de maltrato a los derechos humanos en la región.

 

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