Por: Columnista invitado

Gazapera

El hipocorístico Juampa

Ante todo, veamos qué es «hipocorístico». Los que tengan a la mano o al ratón el Diccionario pueden leer la definición. En resumen, se trata de un apodo cariñoso derivado del nombre propio de una persona. Los hipocorísticos Pepe, Gabo, Lola, Elbacé, por ejemplos, corresponden a los nombres de José, Gabriel, Dolores, Elba Cecilia, respectivamente.

Resulta que en los días precedentes a las elecciones, segunda vuelta, se hizo famosa una abuela Mercedes que en un vídeo decía: «… por eso yo voy a votar por Juampa…». Los que tengan el vídeo podrán escuchar claramente la pronunciación de la eme de Juampa, nunca una ene. Muchos periodistas hicieron gala de su desconocimiento de las normas ortográficas y se enredaron más que una gallina criando patos. Como el vídeo se volvió viral (lenguaje tecnológico), muchos escribieron sobre él y usaron las formas «JuanPa» Juanpa y Juan Pa; solamente vi la forma correcta de Juampa —como la consagra la Ortografía 2010 en su página 629, capítulo VII, § 2.1.2.2, literal b— en la columna de Alfredo Molano Bravo «A votar por Juampa», el 14 de junio en nuestro diario El Espectador. Sin embargo, la abuelita fundadora del juampaísmo equivocó el hipocorístico que debió ser «Juanma» o tal vez «Juanmán» para que suene a superhéroe gringo.

Ya que estamos aquí recordemos que los acrónimos son palabras y como tales deben guardar las normas de formación de las palabras. Por eso el «Inpec» debe ser «Impec» porque la unión «-np-» es inexistente en español. Así mismo «Emvarias», ‘Empresas Varias de Medellín’ debe ser «Envarias», como «circunvalar» que proviene del latín «circumvallare». El acrónimo «pymes», ‘pequeñas y medianas empresas debe ser «pimes» en el que la i griega debe cambiar por i como en «correveidile», «agridulce», «dieciocho» y «coliflor».


La coma del vocativo

Ayer fue uno de esos días en los que la coma del vocativo brilla por su ausencia. ¡Felicidades, papás!
 

 

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