Por: Columna del lector

Generación Z

Por Teresa García de Alcaraz

Somos la generación posmilénica, la Z. Vogue nos dijo que vistiéramos de verde menta y nuestro entorno que a estudiar y a viajar, que a ser los mejores.

El materialismo es nuestro credo, la competitividad de todo menos una opción, el fracaso exclusivamente nuestra culpa y el hipernarcisismo una consecuencia más que lógica de nuestro estilo de vida.

Aún somos jóvenes, tenemos el ocio al alcance de nuestra mano y, sin embargo, nuestra vida está marcada en un compás de cuatro por cuatro, en lo que a la percepción del tiempo se refiere. El placer nunca había sido tan fácil ni rápido, pero, paralelo a esto, la depresión es un problema que crece y se expande.

El sujeto posmilénico es un sujeto hecho para sí y que, por lo tanto, se basta consigo mismo. Es capaz de tomar decisiones sin ningún tipo de empatía y aceptar socialmente las premisas del egoísmo racional; y esto, aunque desafortunado, es perfectamente entendible. ¿Cómo vamos a dejar espacio para un encuentro con el otro como realidad subjetiva, pero igual en importancia que la nuestra propia, en un mundo que avanza a un ritmo vertiginoso y en el cual ni centrando todos nuestros esfuerzos en triunfar tenemos el éxito garantizado?

Y las lógicas individualistas a las que estamos expuestos no conciben otra idea de felicidad que llegar a ese “éxito”, o al menos aparentarlo, ya que lo que se aleje de esto es mediocre, y esa palabra nada más sonar en nuestra cabeza nos inmoviliza el cuello y se enreda entre nuestros dientes dejando un sabor a queso fresco pasado de fecha.

Cuando pienso en cómo nos afanamos en un objetivo difuso, me imagino a un burro, con las anteojeras cazadas, para no ver nada más que su propio camino, siguiendo infinitamente una zanahoria atada a él. Y claro, al poner en la misma ecuación la soledad del individualismo con el espejismo de felicidad que tenemos por meta, entendemos que nuestro entorno propicie los síntomas depresivos.

Dicen otras voces que, a pesar de ser cohortes de la generación, estamos más comprometidos con los valores sociales y somos más realistas.

Yo lo que nos veo es igual de estresados que nuestros predecesores, igual de sobrecualificados para la precariedad laboral ante la cual vamos a enfrentarnos, que nos han vendido como positiva con mantras como “trabajos dinámicos” e igual de materialistas. Pero me gusta pensar que hay algo más que una falta de sincronía entre hechos como el que salgamos a manifestarnos por la crisis climática, pero no hayamos cambiado las tendencias de consumo de forma significativa y sigamos, por ejemplo, viajando lo mismo o más en cuanto la edad y la economía mínimamente nos lo permite.

Quizá sí que seamos más conscientes, quizá sí que queramos darle una “vuelta de tuerca” a la situación, pero no sepamos aún cómo cuadrarlo con las dinámicas conductuales que hemos asumido.

Esta es una premisa que deja espacio para la esperanza, un foco para la generación T.

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2019-12-30T00:00:00-05:00

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2019-12-30T11:39:54-05:00

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