Por: Hernán Peláez Restrepo

Generaciones

Todas las teorías en la vida son para discutirlas, airearlas y termina uno reafirmando lo que cree o quizás alterando el enunciado. Por eso, conversando con Francisco Maturana sobre la generación que él tuvo la fortuna de manejar en la selección de la década del noventa, quedó planteada una discusión. Particularmente creo que aquella generación no volverá a repetirse en mucho tiempo, con sus logros y decepciones como resultó el Mundial de 1994.

Maturana parte de la base de haber existido siempre no solamente buenos jugadores, sino pocas oportunidades para ellos. Recordó nombres como los de Jairo Arboleda, Diego Umaña, Willington Ortiz, Alejandro Brand y Víctor Campaz, quienes en la década del setenta no llegaron a dimensión tal como la de Valderrama y compañía.

Sin embargo, en la charla me quedó claro un detalle. Él contó con el apoyo irrestricto de León Londoño, por aquellas épocas el mandamás en nuestro fútbol. Las competencias previas a la Copa América de 1987, la misma que puede considerarse como el nacimiento de la gran selección, no ofrecieron los mejores resultados, pero apoyado por Londoño, Maturana siguió adelante hasta llegar a los mundiales. Cuando fue técnico de Ecuador, el máximo dirigente de ese entonces, un señor Romero, patrocinó una permanencia de un mes en Japón con los seleccionados. Allí, por razones obvias, como el mismo idioma, los jugadores fueron creando una especie de familia, se concientizaron de los objetivos y en esa convivencia adquirieron elementos para fortalecer el grupo humano.

Volviendo a nuestra selección, por aquellos días el único jugador que actuaba en el exterior era Valderrama, en el Montpellier de Francia; el resto, acá. Resultaba relativamente más cómodo observarlos, verlos en el campo y reunirlos. Así como pasó con Ecuador en su gira por Japón, Colombia se iba aglutinando alrededor de una idea, de un fin, y conociendo los argumentos para conseguirlo.

Hoy en día, a Eduardo Lara le queda más difícil disponer siquiera de unos 15 días para trabajar. Hay, en la actual convocatoria de 24 jugadores, 14 que actúan en el exterior. Los del sistema defensivo están afuera. Entonces cualquier trabajo tiene limitaciones. Por eso la selección de Maturana resultaba mucho más cómoda para ser trabajada. Además, por ejemplo, hay jugadores de la Primera B que emigran sin ser reconocidos. El caso reciente de Bréyner Bonilla, quien llega a la zona defensiva del Boca, donde será suplente, es diciente. No son disculpas, pero después de la conversación con ‘Pacho’, me parece que tiene razón. Mientras no tengamos a los jugadores metidos de lleno en el cuento, se armarán selecciones por referencia, porque actúan en grandes equipos de afuera y quizás no por los méritos reales. Claro que lo mismo pasa en todas las selecciones de nuestras tierras.

 

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