Por: Humberto de la Calle

Generalizar: buena forma de equivocarse

EN FORMA PROPORCIONAL AL VOLUMEN creciente del escándalo de la parapolítica, aumenta la tendencia a generalizar. Cada vez está más lejos en la opinión el hallazgo de conclusiones individuales sobre la responsabilidad personal, debidamente acreditada, único desenlace viable en el estado de derecho.

Reprobable el deseo de sectores opositores de meter en el mismo saco, ya no sólo a los incriminados, sino a la clase política y al Gobierno. Es claro el deseo de vincular a toda costa al propio Presidente de la República, para lo cual ahora se ofrecen hasta sobornos.

Pero también lo es el esfuerzo contrario. La reciente columna de Londoño Hoyos es muestra de eso. Un impetuoso deseo de exonerar a todo el mundo, mediante razonamientos que nada tienen que ver con las incidencias precisas de cada caso, sino a través de raciocinios de escritorio. Ya lo había hecho antes con los militares implicados en violaciones de derechos humanos. Ambas visiones son inadecuadas.

Como se ha dicho en esta columna varias veces, el único referente final es la Rama Judicial. La Corte Suprema, apoyada de manera ejemplar y vigorosa por la comunidad, es la llamada a establecer de manera fidedigna lo ocurrido en cada caso. No hay otra salida.

Ha comenzado ahora el escándalo de la farcpolítica. Por ahora es imposible intentar siquiera sacar conclusiones. Las informaciones son todavía incipientes y tienen que ser sometidas a un proceso crítico.

Pero como ya aparecen mencionados miembros del Partido Comunista, en este proceso de generalizar, generalizar, que de la generalización algo queda, hay que cuidarse de la descalificación ciega y global de esa agrupación. El Partido Comunista es un partido legítimo. No debe haber lugar a las condenas por ideología. La intolerancia es un mal corrosivo. Por cierto, he creído siempre que este país necesita una izquierda no violenta, como signo de estabilidad y madurez. Y también como una manera de aislar definitivamente a quienes usan la violencia como herramienta política.

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Entre tanto, si bien es cierto que las medidas que conforman la llamada reforma política son insuficientes para conjurar una crisis tan profunda como la que vivimos, es mejor eso que nada. Defiendo la “silla vacía”, así sostenga también que va a ser necesario continuar en la tarea reformista el próximo 20 de julio. Creo que es totalmente válido desde el punto de vista constitucional aplicar la separación provisional del congresista desde la medida de aseguramiento o la resolución de acusación. No es una sanción que se le imponga sin haberlo vencido en juicio, sino un sencillo expediente administrativo precautelativo para la buena marcha del Congreso. Y ante la acumulación de casos en un determinado partido, la pérdida de la personería es una conclusión lógica.

No es poca cosa. En escasos países se podría llegar siquiera a discutir el asunto. Sorprende que Rudy Hommes, habitualmente acertado en sus columnas, nos diga el viernes que estos son remedios bastante leves. La pérdida de personería de un partido es un hecho mayor en una democracia.

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Cae también Rudy en la falacia de decir que unos tipos ingresan al Congreso con 4.000 votos, mientras Mockus no pudo con 70.000. Confunde Rudy los votos preferentes individualizados con la votación total por la lista, que es la que da derecho a tener escaños.

 

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